Música / Del 11 al 17 de mayo, en el parque El Lago
Danza y sonidos folclóricos en Colombia al Parque
Aplazado el Festival Colombia al Parque 2009
La Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá y la Orquesta Filarmónica de Bogotá anuncian el aplazamiento indefinido del Festival Colombia al Parque, programado para realizarse del 12 al 17 de mayo, debido a que la alianza con el Festival Ollin Kan de México se ha visto afectada en los últimos días a causa de la difícil situación de salud pública que enfrentamos en la actualidad.
La Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte y la Orquesta Filarmónica de Bogotá están estudiando la fecha más indicada para reprogramar el Festival Colombia al Parque, la cual se dará a conocer a la ciudadanía oportunamente. Más información
Gastone Bettelli pintó este boceto para un mural sobre don Gonzalo Jiménez de Quesada, fundador de Bogotá.
Los nostálgicos sonidos de la guabina, el bambuco y el pasillo, los alegres compases del currulao y del arrebatado mapalé, junto con el zapateo del joropo —entre otras de las varias manifestaciones de nuestro folclor musical y dancístico—, tendrán un espacio de honor en el VIII Festival Colombia al Parque. Del 11 al 17 de mayo, este evento se realizará en el parque El Lago (Cl 63 N° 38A-10), en jornadas llenas de conciertos musicales y coreografías de danza, a cargo de artistas locales, nacionales e internacionales que han sido seleccionados e invitados por parte de la Orquesta Filarmónica de Bogotá y la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte.
Colombia al Parque fue creado en el 2002, con el objetivo de ser un espacio para el encuentro y el reconocimiento del folclor colombiano, en sus diversas expresiones culturales musicales y en la danza tradicional de las distintas regiones del país. Así se ha dado cabida tanto a las muestras folclóricas de origen campesino como a la música popular urbana, académica y de vanguardia con arraigo en los sonidos tradicionales colombianos.
El público ha podido conocer cuál es la movida cultural en regiones como la Costa Atlántica, la Costa Pacífica, los Llanos Orientales, la zona insular de San Andrés y Providencia, así como en diferentes departamentos de la Región Andina; y de paso, también escuchar a los artistas locales que han optado por trabajar con los sonidos autóctonos de nuestro país.
Los grupos musicales y de danza radicados en Bogotá llegarán a Colombia al Parque a través de su participación en las convocatorias que abre la Orquesta Filarmónica de Bogotá, mientras que los artistas nacionales e internacionales han sido invitados por parte de los organizadores.
El de este año será un festival que celebrará la música y las danzas regionales que han cautivado al público de otros países, en donde estas manifestaciones culturales han encontrado su propio espacio; para ello se ha establecido contacto con los exponentes nacionales e internacionales que desarrollan una destacada labor en este ámbito, mediante el intercambio de artistas.
Será un proceso interesante en el que llegarán a Colombia al Parque músicos destacados del Festival Ollinkan de México, y el año entrante los mejores exponentes de nuestro folclor harán lo propio en dicho festival mexicano. Además de la programación artística, habrá actividades alternas como talleres con los artistas y expertos del folclor, clases magistrales, conversatorios, ruedas de negocios, y muestras gastronómicas y artesanales.
Hace tiempo que Bogotá dejó de ser una aldea de callejuelas empinadas y gentes vestidas de negro. Los bogotanos de antaño no conocían sino aquel cielo plomizo, que soltaba gruesos goterones y luego un aguacero que convertía las calles en riachuelos. La capital de Colombia fue, hasta bien entrado el siglo XX, una ciudad apartada, fría y gris. Ahora resulta difícil concebir que la hoy enorme metrópoli fuese alguna vez una ciudad donde reinaba el silencio. Hacia mediados de 1900 empezaron a llegar gentes de todo el país a Bogotá. La violencia los expulsó de sus lugares de origen y arribaron a la capital para reconstruir su vida. Desde entonces, ésta ha sido la ciudad adonde más llegan los colombianos.
Los colombianos de piel de ébano y dientes blancos del Pacífico, los indígenas de ojos rasgados del Cauca, los bulliciosos y alegres pobladores de la Costa Atlántica, y los vallunos, los paisas, los llaneros, entre muchos otros. Han llegado a Bogotá para convertirla en un enorme mosaico constituido por las más variadas culturas. Orgullosamente, la capital ostenta el título de ciudad diversa, porque reconoce en sectores de la población como los afrocolombianos, los indígenas, los raizales, el pueblo ROM y la población LGBT uno de los sustratos fundamentales de esta Bogotá heterogénea.
Las grandes ciudades del planeta, como Nueva York, París o Londres, son pequeños mundos donde se consigue un pedacito de cada país gracias a los emigrantes. En Bogotá, guardando las proporciones, ha pasado lo mismo. Esta capital es una pequeña Colombia, en donde hay espacio para el sancocho de pescado de Tumaco, los tejidos que con mano maestra hilvanan indígenas paeces, los cuentos tradicionales de los Llanos o la Amazonía, los bailes y demás manifestaciones artísticas y las múltiples mitologías. Pero el más importante espacio que le abre Bogotá a Colombia es uno de participación. Aquí las diferentes organizaciones han encontrado que su voz es escuchada.
Una Bogotá participativa e igualitaria sólo se construye a través del respeto, de la defensa de los valores de las comunidades más vulnerables y del reconocimiento de la diversidad como un valioso patrimonio. Es imposible despertar ese Amor por Bogotá que impulsa la actual administración si no se les dan voz y voto a todos los sectores de la población y, al mismo tiempo, se ofrecen espacios para la difusión de su cultura.
Este mes de mayo, el día 21 se celebra el Día de la Afrocolombianidad en todo el país. Particularmente en Bogotá, esta fecha se extenderá a una semana completa: la Semana de la Afrocolombianidad. La comunidad afro de la capital está compuesta, según una encuesta realizada por el DANE en 2005, por aproximadamente un millón de personas. El año pasado se dio un importante paso para fortalecer este sector de la sociedad cuando, en el mes de diciembre, el Alcalde Mayor, Samuel Moreno, inauguró la Casa de la Cultura para la Unidad Afrocolombiana en el tradicional barrio de La Candelaria. Esta casa se fundó con la firme convicción de contribuir a que las 122 comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras de Bogotá se fortalecieran, se unieran y siguieran favoreciendo el desarrollo de la ciudad. Sus tradiciones y sus raíces tienen lugar, muchos siglos atrás, en las llanuras africanas. De allí fueron sacados a la fuerza para luego ser traídos en barcos como esclavos a América.
En Bogotá habitan muchos descendientes de aquellos que llegaron amarrados al puerto de Cartagena desde el siglo XVI. Su valiosa cultura ha sobrevivido a pesar de las largas peregrinaciones y la resistencia impuesta a sus creencias.
Bogotá es un territorio de diversidad, donde confluyen las más variadas culturas. Como ya se anotó, esta ciudad es un pequeño país en el que cada cual encuentra su espacio. El reto es fortalecer el tejido social y cultural conformado por las distintas organizaciones y grupos sociales, no solamente aquellos compuestos por gentes de diversas razas o regiones, sino los sectores más vulnerables, como las personas en condición de discapacidad, los adultos mayores, la población infantil, la comunidad LGBT. En la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte seguiremos abriendo espacios, entregando estímulos, jugándonosla por que cada bogotano se sienta como en casa.
Catalina Ramírez
Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte
CARTAS DE LOS LECTORES
Señor director:
Leí con mucho interés su artículo Sobre la evolución y otras yerbas en el número de abril de Ciudad Viva. Le faltó mencionar un curioso caso: Edgar Allan Poe, poco antes de morir, escribió el poema en prosa «Eureka», dedicado a Alexander von Humboldt, en el que, palabras más, palabras menos, describe la expansión del universo y la formación de galaxias: lo que hoy se llama el Big Bang; todo esto ¡en 1848! O sea, unos 100 años antes de que los científicos empezaran a conjeturar sobre estos temas.
Un cordial saludo,
Jaime Rudas (Por Internet)
Señor director:
Al publicar su artículo sobre la evolución lo que usted hizo fue «sacarle el cuerpo a la inyección. «Los lectores esperábamos que escribiera sobre los doscientos años del nacimiento de Charles Darwin y nos dijera quién era tan importante personaje, su alta clase social y sus conexiones, y nos hablara de la descarada copialina de las teorías enunciadas antes por el biólogo Alfred Russel Wallace, quien ingenuamente se las comunicó a Darwin por carta. Pero Wallace —que era pobre y, como se dice, de mala familia— no tuvo cómo ni dónde publicar primero su original teoría de la evolución, lo que le hubiera dado el puesto que hoy ocupa Darwin en la biología y en la historia. En lugar de referirse a todas estas cosas (donde estaba el meollo de la cuestión), usted se puso a hablar de la invención del teléfono, atribuyéndosela a un italiano. Del proceso del aluminio y del invento del cine, que son interesantes pero no tenían nada que ver con el tema. En cuanto a Gutenberg, éste lo que hizo fue juntar una serie de conocimientos conocidos en la época, por lo que se ganó justamente la fama de inventor de la imprenta. Pero la verdad es que el artículo le salió divertido, aunque «fuera del tiesto».