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Bogotá en los Juegos Nacionales
Es muy conveniente que los niños se acostumbren a lee r desde pequeños. Lo más probable es que lo sigan haciendo siempre. En la foto, un niño lee en la Fundación Rafael Pombo.
Hace cuatro años Bogotá fue coronada por primera vez como campeona de los Juegos Nacionales. Durante 76 años, desde la inauguración inicial de los juegos en la pequeña ciudad de Cali de los años veinte, la hegemonía —y los títulos— habían sido para el Valle y Antioquia. La historia cambió en 2004, cuando las justas se realizaron en la capital: el 11 de diciembre de ese año, después de ganar 379 medallas, entre ellas 152 de oro, Bogotá ganó por fin los Juegos Nacionales.
El próximo 23 de noviembre, cuando Cali, San Andrés, Providencia y Buenaventura inauguren la versión número 18 de los juegos, Bogotá presentará una delegación conformada por 720 personas, entre deportistas, médicos y entrenadores que van a luchar para que la ciudad continúe siendo también la capital del deporte en Colombia.
Los triunfos deportivos de Bogotá no son cosa del azar. Desde hace diez años el deporte se concibe en la ciudad como una política de Estado. Se ha trabajado a largo plazo en mejorar la infraestructura, en optimizar las escuelas de formación deportiva y la búsqueda de talentos, y en modernizar la medicina deportiva, entre otros aspectos. Y este desarrollo ha contribuido, además, para que deportistas nacidos en otras regiones encuentren en Bogotá el mejor lugar donde prepararse.
En 2004, al éxito de Bogotá en los Juegos Nacionales se sumó otro igualmente valioso, pues ganó también los Juegos Paralímpicos. En noviembre la capital participará de nuevo en estos juegos, con una delegación compuesta por 300 personas y después de haber trabajado el deporte paralímpico en cuatro aspectos: centros deportivos, apoyos a ligas, rendimiento deportivo y supervisión a contratos locales.
Durante dos semanas los 32 departamentos, las fuerzas armadas y, por supuesto, la capital, participarán en los 35 deportes que forman parte de la programación de los Juegos Nacionales. Bogotá tiene pinta de campeona. Esperamos que la bandera de la ciudad, amarilla y roja, ondee por encima de todas.
La armonía entre la cultura, la recreación y el deporte se siente más que nunca en la capital. Porque está presente en los espacios públicos, al aire libre, en los parques, las avenidas y las plazas. Cada vez es más frecuente ver cómo los ciudadanos se adueñan de su ciudad. Tanto en el parque más ínfimo como en el más grande, familias enteras, amigos y vecinos se reúnen para descansar bajo un árbol, jugar un partido de fútbol, hacer aeróbicos o disfrutar de un concierto al aire libre. Así mismo, las calles y avenidas se han convertido en el escenario de marchas en favor de diversas causas.
En Bogotá, no cabe duda, lo mejor está afuera. La oferta para el esparcimiento de los bogotanos apunta a cubrir todos los sectores de la población. El sincretismo entre cultura, recreación y deporte ayuda a mejorar la calidad de vida de la gente. Una sociedad que trabaja en estos tres aspectos de manera conjunta es, claramente, una sociedad más desarrollada. Por eso países como Japón tienen un ministerio que se encarga de trazar las políticas culturales y del deporte, y uno de los lemas de este ministerio es: «Poder de la cultura es poder del país». En la declaración de México sobre políticas culturales de la Unesco se afirma que
[...] la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo.
Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.
La cultura forma parte vital de todas las sociedades desarrolladas. El deporte también. Pero no sólo se trata de desarrollar el deporte profesional, sino de mejorar el acceso a la actividad física para toda la sociedad. Aquella frase que se ha convertido en lugar común y que reza: «Mente sana en cuerpo sano » es absolutamente veraz. El deporte es, en su sentido primario, un juego que desarrolla el cuerpo, la mente y la capacidad de asociarnos. La unión entre cultura, recreación y deporte se manifiesta en el aprovechamiento de los distintos escenarios de la ciudad. Muchas zonas públicas son, al mismo tiempo, escenarios de conciertos, de obras teatrales, lugares de ocio, recreación y deporte. Desde la Secretaría, y desde sus cuatro entidades adscritas, estamos trabajando con el firme convencimiento de que no es posible avanzar en otros aspectos como la conciencia política, la participación ciudadana, el sentido de pertenencia de la ciudadanía, si no se mejoran los espacios y las políticas para el desarrollo del ocio y la recreación.
Este mes, por ejemplo, Bogotá ofrece a sus habitantes una variada oferta musical gratuita que —estamos seguros— llenará las expectativas de la ciudadanía. A Hip-hop al Parque, que tuvo lugar hace pocos días, se suman Rock al Parque y Ópera al Parque, dos eventos que son patrimonio de la ciudadanía y que constituyen una muestra fehaciente de la diversidad en cuanto a la oferta cultural en Bogotá. Cada vez se desdibujan más esas odiosas fronteras entre lo que se denomina elitista y popular; así lo demuestra la ópera en la calle, la oportunidad de conocer una de las obras más hermosas de la música universal, Orfeo y Eurídice, que será presentada este mes de manera gratuita. De la misma forma, el hecho de llevar las expresiones populares a los grandes escenarios hace que se fortalezca el patrimonio cultural de la capital, receptora de las manifestaciones culturales que tienen su cuna en muchas regiones de Colombia La ciudad es mucho más que el lugar donde trabajamos, donde queda nuestra casa y nos movilizamos.
Necesitamos seguir construyendo una capital que nos sorprenda y nos haga más cercanos a ella. Bogotá se está convirtiendo en el más grande escenario de entretenimiento, de aprovechamiento del tiempo libre. Los vínculos entre los habitantes y la ciudad se fortalecen cuando no quedan supeditados a la monotonía de la vida diaria. Cuando sabemos que allá fuera, entre las graderías de La Media Torta, en el prado de un parque, en el asiento de un teatro, entre una multitud que trota por alguna avenida, hay un lugar reservado para nosotros.
Catalina Ramírez
Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte
CARTAS DE LOS LECTORES
Señor director:
Creo que en las recetas con que la revista Diners y Ciudad Viva quisieron rendirle un homenaje al sabio Mutis, hubo al menos una gran confusión. Tuve la impresión de que los botánicos no sabían de cocina ni los cocineros de botánica. Y todos cayeron en el pecado capital de usar los nombres comunes o vulgares, lo que es anticientífico y, como se verá, se presta a confusiones. La receta de la Ensalada de pescado ahumado con achicoria, pepino y palmitos trae como ilustración una de las láminas de la Expedición Botánica, la Hypochaeris sessiliflora, llamada popularmente chicoria o achicoria. Pero en la foto del plato se ve claramente que lo que se usó fueron hojas de endivia, cuyo nombre científico es Cichorium endivia, clasificada por Linneo y llamada también chicoria o achicoria.
Ni la Hypochaeris ni la Cichorium endivia son la que los europeos usaban durante la guerra como sustituto del café (que ya no se usa: en Italia, donde se toma el mejor café del mundo, para los conocedores sería un insulto que le mezclaran achicoria). La planta que se usa para hacer el café falso tiene como nombre científico Cichoria intybus, también llamada chicoria o achicoria, lo que hace aún más confusa la confusión. Sería bueno que el botánico, que tanto se enredó con estas plantas, le pidiera humildemente perdón a los lectores, por haberlos confundido tanto.
Muchas gracias,
Gerardo Botero Jaramillo Botánico y cocinero aficionado Desde Sonsón, por Internet