Cuando José Martí vivía en Nueva York, emprendió el proyecto de realizar una revista para niños que se publicó en 1891 y que se tituló La edad de oro. La intención de su autor con esta publicación era enseñarles a los pequeños, con un lenguaje didáctico, la historia de la joven América, sus fastos y sus héroes.
La gran obsesión del cubano José Martí fue la libertad. Alguna vez afirmó: «La felicidad general de un pueblo descansa en la independencia individual de sus habitantes». Luchó por la libertad incesantemente. Fue desterrado, encarcelado, asesinado una tarde de 1895: cerca del más grande río de Cuba, el río Cauto, iba montando su caballo Baconao; de repente se oyeron tres disparos; Martí cayó al suelo; los españoles lo habían asesinado; murió dándole la cara al firmamento; murió por la libertad.
En su más famoso discurso, titulado Los pinos nuevos, Martí anunciaba que morir por defender la justicia, la igualdad, era el más noble sacrificio: «Del semillero de las tumbas levántase impalpable, como los vahos del amanecer, la virtud inmortal, orea la tierra tímida, azota los rostros viles, empapa el aire, entra triunfante en los corazones de los vivos; la muerte da jefes, la muerte da lecciones y ejemplos, la muerte nos lleva el dedo por sobre el libro de la vida: ¡Así, de esos enlaces continuos invisibles, se va tejiendo el alma de la patria!».
Su amor por la libertad no se supeditó al aspecto político y filosófico: Martí pertenece al selecto grupo de escritores que formó parte del Modernismo, la escuela que independizó a América de la tradición literaria española. Las riendas se soltaron. Martí entendía el poder de las letras para lograr la Independencia y denunciar las injusticias. Fundó varios periódicos, entre ellos El diablo cojuelo, La patria libre y la hermosa revista para niños titulada La edad de oro.
Este nuevo volumen de Libro al viento reúne los cuatro cuadernos que se publicaron en La edad de oro. Se trata de textos cortos, escritos en un lenguaje sencillo, atravesados por constantes enseñanzas. Así, mientras el autor cuenta la vida de los grandes hombres de América —Bolívar, Hidalgo, San Martín—, va soltando frases que recalcan sus creencias: «Hay hombres contentos aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor».
Uno de los más bellos textos es Las ruinas indias, en donde Martí describe el mundo prehispánico, el universo de los indios: sus hogares, sus enormes pirámides y palacios, sus dioses y sus creencias. Narra luego la llegada de los españoles, acontecimiento que destruyó las pirámides, cambió a los dioses e hizo de aquel mundo una fantasmagoría. Así narra Martí: «Te nochtitlán no existe. No existe Tulán, la ciudad de la gran feria. No existe Texcoco, el pueblo de los palacios. Los indios de ahora, al pasar por delante de las ruinas, bajan la cabeza, mueven los labios como si dijesen algo, y mientras las ruinas no les quedan atrás, no se ponen el sombrero».
Ganadores del Premio Ciudad de Bogotá
La novela Pelota de trapo, el ensayo Literatura y memoria y el volumen de cuentos El son del solo fueron las obras ganadoras de los Premios Ciudad de Bogotá, galardones que entregan la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte y la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, y que se han consolidado como uno de los programas de estímulos a la creación más antiguos y prestigiosos del país.
Pelota de trapo fue la ganadora en la categoría de novela. Su autor es Adalberto Agudelo Duque, escritor nacido en Manizales, licenciado en Idiomas Modernos y Literatura de la Universidad de Caldas. Agudelo comenzó siendo maestro de escuela rural y desde hace varios años es profesor universitario. Con su cuento Variaciones ganó el Premio Nacional de Colcultura en 1994. El jurado premió Pelota de trapo, entre otras cosas, por ser una novela «de solidaridad humana, de sobrevivencia en un país cruento, escrita con lirismo, con pasión y humor a la vez».
Juan Carlos Restrepo es un cuentista de raza. Antes de ganar el Premio Ciudad de Bogotá había obtenido el Premio de Cuento de la Cámara de Comercio de Medellín y, en España, el Premio de Cuento Julio Cortázar. La prosa de Restrepo revela a un escritor maduro que sabe que sin música no hay literatura. Así empieza su cuento El botadero: «Boca Remolinos es el cañón donde las corrientes de la Noche y el Pantanillo se ligan, donde ralean culebrones de agua que se retuercen y se hace una sola trenza mojada».
La Beca Nacional de Ensayo Ciudad de Bogotá le fue otorgada a Ana María Restrepo Rodríguez por su trabajo Literatura y memoria, que da cuenta de la narrativa de las guerras civiles en Colombia a finales del siglo XIX. El trabajo muestra los estrechos vínculos que existen entre la historia y la literatura.