William Fortich: Un batallador de la cultura
Diez años en el Consejo Distrital de Cultura
FOTOS DE LIGIA CRISINA RODRÍGUEZ
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Fueron 10 años formando parte del Concejo Distrital de cultura. En localidades como Kennedy, la Candelaria y Ciudad Bolívar, entre otras, William Fortich ha trabajado a favor de políticas culturales que hagan de Bogotá una ciudad donde los artistas tengan las herramientas para desarrollar su profesión de una manera plena. Desde 1994, cuando fue nombrado consejero cultural de la localidad de Kennedy, este actor y director de teatro, que maneja el grupo Kábala, ha contribuido a ampliar la concepción de los referentes culturales de la capital, trabajando desde los barrios y pensando a Bogotá como una ciudad diversa y compleja.
¿Cuándo empezó a involucrarse en las políticas culturales de la ciudad?
Con la constitución de 1991, que instauró las Juntas Administradoras Locales, se logró mayor participación de la ciudadanía en las decisiones gubernamentales. En 1992, por parte, surge el proyecto de ley de la cultura. Son unos años de cambios trascendentales que contribuyeron a que el alcalde Jaime Castro firmara el decreto que implementó un presupuesto local para la cultura. En medio de este panorama de transformación he estado trabajando. Fui el primer consejero cultural de la ciudad, en Kennedy, y ayudé a formar los consejos de Candelaria y Tunjuelito.
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¿Cuáles son los mayores logros de los consejos locales?
Creo que lo más importante es que se ha trabajado mancomunadamente con la ciudadanía. Antes se elaboraba políticas de espaldas al pueblo, pensando que la cultura tenía que salir del centro. Los concejos locales han contribuido a exaltar lo popular, a darle importancia a la rana, el tejo, etc. También a integrar más a las localidades. Así mismo, la creación del Observatorio de Cultura Urbana ha ayudado a estudiar la cultura más profundamente.
¿Qué le dejó esta experiencia y qué cree que falta por hacer?
Muchas cosas. Por ejemplo, el trabajo que hicimos para evitar la violencia en zonas deprimidas de Bogotá. Así mismo, que esta es una ciudad llena de comparsas y fiestas parroquiales que para la gran mayoría eran desconocidas, cada una con sus especificidades. Creo que es decisivo abrir cursos de que comiencen a dictarse a niños menores de 10 años, ya que esta es una profesión que se debe empezar a enseñar desde temprana edad.