La Corona de los Andes, entre las más bellas del mundo, salió de colombia
y debe regresar a nuestro país. Es una joya inapreciable, parte de nuestra
historia y de nuestra memoria cultural.
Bogotá será escenario del primer Festival Distrital de la Juventud en el próximo mes de octubre. En esos días la administración Distrital, que encabeza el alcalde Lucho Garzón, abrirá los espacios para que los jóvenes visibilicen y expresen todo aquello que desde su cotidianidad le apuesta a construir escenarios de paz en la ciudad.
La música, el arte, la palabra, la creación, el diálogo, el deporte: Serán bienvenidas todas las expresiones que quieran decirle a la ciudad y al país que sí es posible pensar y actuar de un modo no violento. La actitud de los jóvenes por la vida, la libertad, la democracia, la irreverencia, el rechazo a la guerra, la sensibilidad con la naturaleza y la defensa de sus derechos tendrá una puesta en escena en el marco del festival.
La construcción de una Bogotá sin indiferencia parte del reconocimiento de la diversidad juvenil y de la garantía de sus derechos y libertades. El Festival refleja la importancia de construir una cultura de reconciliación en Colombia que tenga a los jóvenes como protagonistas.
La fiesta no puede ser un asunto trivial. Todo lo contrario: se constituye en el más importante instrumento de acción política no violenta, a través del cual aislamos el miedo y derrotamos la violencia.
El Festival se iniciará con un acto de lanzamiento, el próximo 5 de octubre , y continuará con el concierto de Hip- Hop al Parque y el de “extrema convivencia” (Rock al Parque), encuentros locales e interlocales. Culminará con la Feria de Jóvenes en Movimiento, el próximo 22 de octubre. ¡Bienvenidos todos a esta gran fiesta por la vida!
Carolina Triviño Lozano
Coordinadora Programa Jóvenes sin Indiferencia
Desde el Balcón Editorial
Reforma tributaria y seguridad cultural
El país está discutiendo otra reforma tributaria. Año tras año, gobierno tras gobierno, se le propone al Congreso de la República discutir y aprobar una nueva reforma. Todas estas iniciativas legislativas tienen algo en común: en ellas el tema de la cultura, de su fomento, de su financiación, de su tributación, no ha sido estudiado y mucho menos discutido de manera integral.
A raíz de las voces de alerta que se han oído últimamente sobre los peligros que encierra esta nueva reforma, la viceministra técnica del Ministerio de Hacienda dijo, en artículo publicado en Lecturas Dominicales de El Tiempo el pasado 9 de septiembre: “El proyecto de reforma tributaria que el gobierno ha puesto a consideración del Congreso tiene como pilares fundamentales la competitividad, la simplicidad, la equidad y la sostenibilidad.
No está en mente del gobierno afectar ningún sector de la economía, ni generar favorecimientos especiales. Por el contrario, lo que busca es asegurar las bases para un crecimiento económico más equilibrado y sostenible, en este orden de ideas, tampoco está en la mente del gobierno afectar sectores tan importantes como la cultura.” Y acto seguido agrega: “[…] también es cierto que el Ministerio estudia, en concertación con el Ministerio de Cultura, la mejor alternativa que permita asegurar los recursos necesarios para atender la política cultural.” Si esta es de verdad la intención del gobierno, es inaplazable analizar hoy, de manera global, los recursos tanto públicos como privados con que se financia la actividad cultural en Colombia, ya que con esta reforma está en juego algo fundamental para este país: el fomento a la cultura, su subsistencia, su crecimiento equilibrado y sostenible.
Y es indispensable que el gobierno nacional y nuestro Congreso analicen el tema de forma integral y definan una política pública a largo plazo para la financiación de la actividad cultural. Así, en el marco de discusión de esta reforma se presenta una importante oportunidad para que, dentro de la agenda del gobierno nacional y del Congreso, se defina el papel que la cultura está llamada a jugar, no sólo como espacio para la creación de identidad nacional —tema por demás garantizado en la Constitución y desarrollado en la Ley de Cultura— sino como actividad económica.
Debemos decir que, desde el sector cultural, hemos realizado grandes esfuerzos en los últimos años para entender y dimensionar nuestra realidad económica y que, gracias a entidades nacionales públicas y privadas e internacionales, se ha desarrollado un juicioso análisis sobre el aporte de la actividad cultural en la generación de empleo y riqueza para este país. Hemos analizado la cultura frente al mercado mundial de los bienes y servicios y dentro del esquema de un mundo globalizado.
Estudios como estos han servido, entre otros, como referente técnico para que el Congreso, en el año 2003, promulgara la importante Ley del Cine, la cual ha permitido un incremento de la producción y calidad de las películas colombianas. [Véase la página ii de nuestro Magazín.]
Es tiempo, pues, de retomar todos estos estudios y, de la mano del gobierno, hacer un análisis a fondo del tema, que permita definir una política económica que asegure una estabilidad de la financiación de la cultura, normas claras de juego y mecanismos idóneos de promoción y sostenimiento de la cultura.
El Instituto Distrital de Cultura y Turismo está empeñado hoy en abrir espacios de financiación de la actividad cultural dentro del marco de la responsabilidad social empresarial, con lo cual reconocemos, al igual que el gobierno, que es indispensable una estructura fiscal clara y equitativa que permita a los particulares asumir esquemas de corresponsabilidad en la realización de proyectos culturales.
La cultura es un sector que genera en el mundo las más grandes posibilidades de creación de nuevos empleos, y además representa, en algunos países desarrollados, más del 10% del Producto Interno Bruto. En fin, la cultura puede tener un gran potencial económico, pero es claro que el Estado debe tomar partido y decidir hacia el futuro si le juega o no a la cultura como motor de la actividad económica, como generadora de todo tipo de riqueza. En conclusión, frente a la reforma tributaria ya es hora de que el país decida qué quiere hacer con la cultura, ojalá para colocarla dentro de marcos que permitan que, de manera cierta, sea un factor que contribuya al desarrollo.
Martha Senn
CARTA DEL LECTOR
Señor Director:
A mí no me gustan sino dos publicaciones culturales. La otra es El Malpensante (tal vez por aquello de Piensa mal y acertarás), que hacen al alimón Andrés Hoyos y Mario Jursich, y que precisamente está cumpliendo 10 años. ¡Qué machera!
En este país del corazón de Jesús (tal como lo atestigua su logo de marca), manejado con gotitas tranquilizantes, medidas parafiscales, y fiscales contaminados de paras —sin contar la proliferación de parasicólogos y sin mentar La Ceja— es un verdadero milagro llegar a los diez años, ya sea como niño o como publicación. Me dicen que, en lugar de echar voladorcitos, la revista va a celebrar su cumpleaños con un festival de la inteligencia que bautizó F10 y que durará 3 días.
Los deberían declarar fiesta nacional. Tres vivas, pues, por las publicaciones culturales, todas, antes de que gobierno, que las iba a proteger, las mate a punta de IVA.
Roberto González Contreras
Enviado por Internet
Señor Director:
Leo siempre en Internet la revista Ciudad Viva y quiero decirles que me gustó mucho La pinga del Libertador o, mejor dicho, el artículo que lleva ese nombre. No conocía a ese señor Palma, peruano, pero me pareció chévere.
A nosotros, los que vivimos en la República Bolivariana de Venezuela, nos guste que se hable de un Bolívar vivo, inteligente, guerrero, hombre de Estado, visionario, mujeriego e inclusive mal hablado, como nuestro querido Presidente. ¡Sigan así!
Edilia Romero
Desde Caracas, por Internet