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¿Qué es el Patrimonio?

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Para muchas personas el patrimonio está representado en un lugar donde ocurrió algún hecho histórico decisivo, una iglesia de piedra erigida durante la colonia o el retrato de un prócer que se exhibe en un museo cuya construcción, sí, también forma parte del patrimonio. Creemos, entonces, que el patrimonio está íntimamente ligado al pasado, a la piedra, a lo material, a lo inerte. La palabra patrimonio procede del latín patrimonium, que traduce: «lo que los hijos heredan de sus padres y abuelos ». No solamente heredamos objetos materiales.

El patrimonio es el tesoro que concentra aquellas cosas que nos unen y que nos representan como sociedad: la lengua, las costumbres, la comida, la flora y la fauna autóctonas, las más variadas expresiones culturales que nos identifican y que, si bien se transforman con el tiempo, mantienen siempre viva su raíz original. El patrimonio está directamente relacionado con nuestra historia y también con nuestra cotidianeidad. Solemos subvalorar aquello que consideramos corriente, simple e inacabable. Únicamente después de un largo viaje, cuando elevamos la vista hacia el oriente de Bogotá y reparamos en la belleza de los Cerros Orientales, nos damos cuenta de que aquellas montañas son un sello distintivo de nuestra ciudad que nos llena de orgullo.

Sentimos una pérdida cuando se tala un árbol o cuando muere alguien que en su memoria resguardaba un pedazo de nuestra historia: la mujer que falleció llevándose consigo la receta de un postre que nadie más podrá preparar igual o el último sobreviviente de los fundadores de un barrio que contaba unas historias que nadie más repetirá. «Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde», reza el dicho popular. Es cierto. Los colombianos somos el resultado de un sincretismo cultural que se expresa hasta en las cosas más humildes. Así, por ejemplo, en el aromático y humeante tamal, uno de nuestros platos típicos, está presente aquel sincretismo expresado en la mezcla de ingredientes indígenas como el maíz y las hojas de plátano con otros traídos de España como el ajo y la zanahoria. Poseemos una variedad étnica y racial que nos enriquece culturalmente. Colombia es un mosaico en cuanto a música y los bailes, la arquitectura, las creencias. Hemos heredado costumbres indígenas, africanas, españolas. Bogotá es el lugar donde se encuentran todas esas expresiones culturales. En la ciudad está representado todo el país, pues aquí llegan colombianos y colombianas provenientes los más diversos lugares. Hay quienes creen que el patrimonio se impone como por decreto.

Es cierto que existen lugares, ciudades, expresiones materiales e inmateriales que han sido declaradas patrimonio de la humanidad. Pero en realidad el patrimonio cobra vida por sí mismo conforme se va convirtiendo en un elemento distintivo de cada sociedad. Según la Unesco, organización que designa «El patrimonio cultural no se limita a monumentos y colecciones de objetos, sino que comprende también tradiciones o expresiones vivas heredadas de nuestros antepasados y transmitidas a nuestros descendientes». Cuando recibimos una herencia, esperamos que ésta perdure en el tiempo. Tenemos potestad sobre ella, la potestad de cuidarla, acaso de mejorarla, y mantenerla viva para luego cederla a las siguientes generaciones. Las sociedades más desarrolladas han advertido la importancia de apoyar el patrimonio, de velar por él. Por eso destinan grandes sumas de dinero para su preservación.

La historia le ha mostrado al mundo, a través de las guerras, lo que significa la pérdida del patrimonio. En su magnífico libro Historia universal de la destrucción de libros, el escritor Fernando Báez cita la frase de un profesor iraquí: «Nuestra memoria ya no existe, la cuna de la civilización y de las leyes ha sido quemada». La actual administración, a través de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, y una de sus entidades adscritas, el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, ha venido trabajando por fortalecer el patrimonio de la ciudad. Septiembre es el mes del patrimonio. Durante estos treinta días la ciudad ofrecerá una programación para todos los gustos en la que la ciudadanía jugará un doble papel, tanto de espectador como de actor. Pero el patrimonio no es algo pasajero.

Por eso todo el año ofrecemos diversas actividades conducentes a recuperar y preservar el patrimonio, además de educar a los habitantes acerca de la importancia de cuidarlo. Programas como Siga, esta es su casa, la campaña de protección del patrimonio, los recorridos históricos, las caminatas ecológicas, las fiestas y festivales que rescatan las más variadas tradiciones populares han ayudado a que la ciudadanía descubra el valor del patrimonio. La capital ha sido calificada en el exterior como la perla de Suramérica, y uno de los mejores destinos del continente. En parte, esto se debe a que estamos fortaleciendo el patrimonio, aprendiendo que valorarlo es valorarnos a nosotros mismos.