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El barrio Policarpa Salavarrieta: Donde las mujeres defienden a los hombres

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Otty Patiño
Observatorio de Culturas

 
Ilustración cortesiía de la Casa El Malpensante  
   

«Aquí las que peleamos fuimos las mujeres: cuando venían a desalojarnos, nos tocaba salir a nosotras con los niños a ponerle el pecho a la policía. Había que cuidar a los hombres, porque a ellos les tocaba traer la plata para el mercado». Eso nos cuenta doña Anita, una de las fundadoras del barrio, desplazada cuando la guerra de Villarrica, en 1955, primero a Subía (Cundinamarca), después a Girardot. Luego, ya casada y cansada de rodar sin casa, se vino para Bogotá porque le habían dicho que acá se podía conseguir vivienda a través de las tomas de tierras.

Y así fue. A finales de 1991 se instalaron los primeros habitantes del barrio en un lote perteneciente a la gobernación de Cundinamarca, parcialmente cedido a la Beneficencia para la construcción del hospital San Juan de Dios, más conocido como La Hortúa. «Lo más duro vino después, el 8 de abril de 1966. Ese día organizamos otras tomas para más gente que había llegado a Bogotá buscando dónde albergarse. Creíamos que la autoridad iba a respetarnos, no tanto a nosotras como a la religión católica: era viernes santo. Pero, ¡qué va! Se vinieron con toda, hubo heridos, presos y hasta muertos. Fue un viernes santo sangriento, que todo mundo acá recuerda», recuerda ella.

Le pregunto a doña Anita si cree en Dios, porque he oído que todos en este barrio son comunistas. A lo que ella responde: «Todas las mujeres acá somos católicas. Los hombres más bien no creen, pero la ideología revolucionaria no choca con la religión. Yo he sido siempre una luchadora creyente, como también lo son otras mujeres de aquí del Policarpa, que yo aprendí a admirar como Elvia Beltrán de Guasca, Cecilia Rodríguez, Alba Macías, Emma Ardila y Virginia Zapata». —¿Y hombres luchadores? —le pregunto—. ¿O sólo servían para traer la plata para el mercado? Ella sonríe y me dice: «No, también hubo hombres que nos ayudaron mucho, como Luis Morales, a quien aprendí a admirar mucho más después de que nos faltó. Lástima, pero a veces pasa que en vida uno no aprecia lo suficiente a alguna gente y eso me pasó con él. ¡Cuánta falta nos hace! Con él trabajó el también finado Pedro Salas. Y para reconocer a gente que todavía está viva quiero mencionar a Mario Upegui, muy bueno para agitar y organizar y, además un tomador de pelo, cuyas travesuras son acá legendarias».

«Gracias a todos ellos —agrega—, estamos todavía viviendo acá. También, claro está, a la solidaridad comunitaria y a la organización que establecimos. Teníamos comisiones de trabajo para todo y una de las más activas era la de artes, deporte y cultura, que se encargaba de organizar presentaciones y talleres de teatro, pintura, música, canto y danzas, además de algunas actividades recreativas y prácticas deportivas de fútbol y microfútbol y también de voleibol, basquetbol, ping pong, ajedrez, maratón y tejo». Toda esta conversación ocurrió en el apartamento de doña Anita, en un tercer piso de una casa en cuyos dos primeros hay enormes bodegas de telas. El barrio Policarpa es famoso por sus telas: los precios son más baratos que en otros lados, según me contaba después alguien que conoce muy bien esta zona. «Todos los teatreros surten sus vestuarios del Policarpa», dice.

Ese día recorrimos todo el barrio, guiados por Javier Enríquez, consejero de juventud delegado al Consejo Local de Cultura, Arte y Patrimonio y habitante del sector. Nos mostró el colegio de bachillerato —otro lugar de fragorosas luchas—, la calle del comercio, el parque fundacional y un bar que se llama igual que el de La Habana, la famosa Bodeguita del Medio, con un decorado y un ambiente muy parecidos.

«Cuando me senté a escribir este artículo, apoyado como siempre por los apuntes que tomó Giovanna Torres, encontré un portal en el Internet dedicado a los niños donde aparecen lugares de Bogotá con nombres de próceres. Reproduzco lo que dice de Policarpa Salavarrieta:
Fue una heroína de la independencia de Colombia que llegó a Bogotá en 1817 para continuar con sus labores de espía patriota, que además se le facilitaba por ser costurera de las esposas de los realistas. Escuchaba información sobre las tropas enemigas y se las decía a los suyos. En 1961, varias personas se asentaron en un territorio y fundaron un barrio con el nombre de Policarpa en Bogotá. El nombre de este barrio tiene que ver con que, en 1966, más de cinco mil personas que habitaban este lugar se enfrentaron con la policía y no se dejaron sacar de allí: como Policarpa fue una luchadora incansable, este lugar tiene su nombre. Faltaría allí una estatua o algo para conmemorar su nombre. El barrio está situado en la localidad Antonio Nariño, entre las carreras 10ª y 13 y calles 3 y 4 Sur».

La página se llama bogotanitos y su dirección es: http://www.culturarecreacionydeporte. gov.co/portal/bogotanitos/curiosidades.