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Fontibón, la puerta más amable de Bogotá

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Otty Patiño
Observatorio de Culturas


Ese sábado, cuando estuvimos en Fontibón, había mercado campesino en la plaza fundacional y también toldas donde vendían carne asada con papa. Es la remembranza aldeana de lo que antes era Fontibón, un pequeño municipio que en 1954 fue integrado al distrito especial de Bogotá para convertirse en la localidad 9 del Distrito Capital en 1992.

Antes de la llegada de los españoles, ese territorio se denominó Hontibón, un vocablo indígena que significa «poderoso capitán», y en él gobernaba un cacique supeditado al zipa. Con la colonización española, esas tierras pasaron a los encomenderos, el primero de ellos Pedro Colmenares, quien fijó allí su residencia; pero la verdadera colonización la hicieron los curas doctrineros franciscanos quienes, con tesón y fuerza, finalmente impusieron el catolicismo. De modo que, a finales del s. XVII, las ritualidades y creencias indígenas habían desaparecido de Fontibón.

Por estar ubicado en las vegas del río Bogotá, quedan todavía huellas de las lagunas y antiguos humedales como el de Capellanía, el Meandro del Say, la Ronda del río Fucha y el parque de la Zona Franca, considerados espacios ecológicos que hacen parte del suelo de protección del Distrito Capital.

Pero lo que caracteriza a Fontibón con relación al resto de Bogotá es que es un ‘llegadero’: allí está el terminal de buses intermunicipales en el barrio El Salitre y el terminal aéreo —el aeropuerto El Dorado—, en la UPZ del mismo nombre. Esa calidad de ‘llegadero’ se remonta a los tiempos del virreinato, cuando Fontibón era la última etapa de los penosos viajes de quienes venían por el río Magdalena y subían la cuesta cordillerana hasta la altiplanicie. También fue ‘llegadero’ para las numerosas familias campesinas que, en los años cincuenta, vieron en la capital un sitio tranquilo para protegerse de la violencia o la miseria. Se amañaron en Fontibón, allí se quedaron y convirtieron el pueblito en una pujante ciudad que se integró con Bogotá. Pero a pesar de esta integración, muchos de los fontibonenses o fontibonitos todavía hablan de «ir a Bogotá» cuando salen de la localidad hacia otra zona del distrito.

Es que, pese a esa situación de tránsito, hay una profunda raigambre y querencia de sus gentes. Según los resultados de la Encuesta Bienal de Culturas 2009, Fontibón es la localidad que tiene una mayor proporción de población que la «quiere incondicionalmente ». También, según esta misma encuesta, Fontibón tiene los mejores parques, los más limpios, amplios y seguros, si se compara con los porcentajes de opinión favorable sobre estos espacios en otras localidades.

Sobre este asunto precisamente, la alcaldesa local, Betty Afanador, ha desarrollado interesantes programas con la población más joven para la apropiación de los espacios públicos, estimulando también las expresiones propias de los muchachos, como es el caso de los grafiteros en la elaboración de murales, o el de pintura rápida para cambiar la visión de la localidad. «También tenemos ‘Fontibón al parche’, un festival para la convivencia que reúne cerca de 400 jóvenes, o el ‘Congreso de Juventud’, que es un foro abierto para abordar temas como las barras futboleras o las tribus urbanas», nos dice la alcaldesa, quien nos esperó en la Casa de la Cultura junto con su director, Carlos Córdoba, después de un recorrido que hicimos guiados por el gestor cultural de la localidad Diego Garzón, por Ider Parra, profesional de apoyo, y por Martín Lugo, consejero de artes audiovisuales, todos ellos profundos conocedores de Fontibón.

En ese recorrido pudimos apreciar la gran riqueza patrimonial que tiene la localidad, aunque algunos de sus bienes culturales se encuentran en franco deterioro. «Aquí hay un gran potencial turístico. La carrera 100 o Avenida John F. Kennedy, la Estación del Ferrocarril y el Parque Central pueden ser el eje fundamental de esta riqueza turística», nos dice Martín y agrega: «esto puede estimular la vida cultural y artística que tiene este sector de la localidad. Los teatros Milán y Avirama, por ejemplo, conservan toda su infraestructura pero se ha perdido su significado y están subutilizados. Un plan de desarrollo para el turismo debe ir a la par con la restauración de los equipamientos culturales y patrimoniales. Turismo, patrimonio, arte y cultura pueden tener una gran sinergia en Fontibón».

Desde hace muchos años, los docentes de Fontibón, incluidos los religiosos, aprovecharon las características multiculturales de esa población que llegó desde todos los confines de la geografía colombiana para cultivar las diversas expresiones folclóricas regionales; desde entonces, ha sido la danza la principal actividad artística de la localidad, representada en colectivos como Danza Orkesios. Actualmente, hay también una importante presencia de bandas de rock y de grupos de hip-hop. El movimiento teatrero también es muy fuerte: ejemplo de ello es la organización TEF (Teatro Experimental de Fontibón), con más de 30 años de trabajo y reconocimiento distrital, que siempre es escogida en el Festival de Comparsas.

Después de nuestra charla con la alcaldesa, nos fuimos a almorzar a la plaza. Abundante, rico y barato, al aire libre y con la ambigua sensación de estar y no estar en Bogotá, pudimos saborear el encanto que siempre representó Fontibón, como el mejor ‘llegadero’ de la capital.

(Gracias a Giovanna Torres, del Observatorio, por sus apuntes que sirvieron de base para este artículo).