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Marta Granados: una artista que transforma la vida en afiches

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Por Alejandro Arciniegas Alzate

Sus credenciales académicas son las mejores: Diseñadora gráfica de las universidades Javeriana y de los Andes; posgrado en l’École Nationale Supérieure des Arts Decoratifs de París y becaria del Saint Martin’s School of Arts de Londrés. Ha trabajado en temas del Ministerio de Cultura, la Cancillería, el Museo de Arte Moderno, el Teatro Nacional y la Fundación Santillana. Sus afiches han sido expuestos en numerosas muestras individuales, así como en las más prestigiosas bienales del cartel.

Todo lo más a que se puede aspirar cuando uno escribe sobre el trabajo de Marta Granados es a decir alguna cosa que esté siquiera a la altura de su estupenda producción. Y lo haremos de la única forma como se deben redactar estos textos: conscientes de que lo importante son sus obras, y no las nociones con que a menudo un periodista cualquiera se figura haber desentrañado las claves para comprender a un artista.

A Marta Granados se la conoce más que nada por su profesión de afichista. Y en ésta, por ser una de las mejores de América y acaso del mundo. Hay que lanzar estos juicios aunque parezcan arriesgados. La actitud provinciana de muchos de quienes en Colombia se dedican a la recensión del arte pasa menos por su desconocimiento de las formas mundiales, que por el hecho —tantas veces corroborado— de que a tantos de entre estos “expertos” les parezca improbable que una producción tan esmerada pueda surgir de su propio contexto. Emile Cioran solía bromear con que una de las ventajas de haber nacido en un país al margen de los grandes movimientos artísticos, consitía en que el ciudadano de estos tristes lugares se estrenaba muy pronto en el sano ejercicio de la autocrítica, más o menos como un mono se obsesiona consigo. Nos parece un contrasentido, sin embargo. Habitar los suburbios del mundo nos consigue ser esta suerte de espectador perpendicular a Occidente, que espera primero un aval de la crítica foránea, antes de homologar a sus propios artistas y certificar la indiscutible calidad de sus obras.

Admirables quienes, como el maestro Antonio Roda, vislumbraron desde el principio el talento de Marta. El prontuario de sus dioramas y distinciones es demasiado extenso como para suscribir aqui su inventario; por lo demás, se encuentra todo en Internet. El trabajo de Granados es ampliamente conocido. Quizá usted lo haya visto mil veces y acaso no lo relacione inmediatamente con su nombre; pero lo ha visto, seguro que lo ha visto. En la diversidad de expresiones artísticas hay algunas cuyo ejercicio no le depara a sus cultores más que una fama ciertamente discreta. Un arquitecto, por ejemplo, no es tan célebre como una estrella de rock; aun si su trabajo es a menudo más perdurable que la discografía de tantos cantantes, el arquitecto, su nombre, acaso sea ignorado por un millón de personas y apenas sea conocido de unos pocos entendidos en la materia.

Tal suele ser el caso de los afichistas. Porque el afiche, como el follaje en otoño, como el diseño de modas, engalana por breve tiempo las calles; se enseñorea de la ciudad a campo traviesa o en interiores selectos; ora lo vemos anunciando una versión de Eurocine o algún nuevo perfume, para ser reemplazado por otros que traen lo mejor de Madonna o nos gritan a voces que cuidemos el agua. Hoy es un bello diseño: mañana será jirones. Quienes somos amantes de la balada urbana con sus bombas de gasolina, aeropuertos, rascacielos y todo cuanto nos corta la respiración en la calle como un aullido de Ginsberg, no podemos por menos que agradacer el trabajo de quien —como Marta Granados— se ejecuta contra la banalidad de la imagen en cada uno de sus afiches, para entregar un obra tan culta y desprovista de lugares comunes.

Bonita época en la vida de un artista, cuando después de empeñar sus talentos en la persecución de un porvenir siempre incierto y, como si pasara del otro lado del prisma, su obra es reseñada en libros, periódicos y revistas. Atrás quedan los préstamos de Icetex, su nombre aparece de pronto en la historia del arte y es llamado ocupar un lugar, ya no en las listas de espera, sino en la mesa de jurados de los más importantes premios del mundo. En este artículo sólo prodigaremos elogios al arte publicitario. Gracias al trabajo de diseñadores como Granados la sociedad de consumo nos parece más llevadera. El afiche consigue lo que parecía imposible: insuflar algo de calor humano en un medio que sin su esmerada presencia sería puro negocio. El mundo del comercio sin el trazo de estos artistas sería una vil compraventa.

Ciudad Viva ha querido rendir un pequeño homenaje a su obra. Reproducimos en las páginas siguientes parte de su ingente labor.

Admirables quienes, como el maestro Antonio Roda, vislumbraron desde el principio el talento de Marta Granados.

Alejando Arciniegas Alzate

Ciudad Viva agradece a la artista Marta Granados por suministrar las fotos de su obra que hicieron posibles estas páginas.