Buscar


Las Ferias: vertiginosa transformación de un barrio

Versión para impresora

Otty Patiño
Observatorio de Culturas


Néstor Camilo es la memoria histórica del barrio Las Ferias. Por algo lo distinguen allá como ‘el historiador’. Por algo, junto con otros investigadores sociales, logró ganar el premio con el trabajo sobre tres barrios bogotanos, principalmente la historia del barrio Las Ferias, publicado con el nombre de ‘Volvamos al Barrio’ en la convocatoria de localidades culturalmente activas 2008 de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte.


Fila para la compra de leche a mediados del siglo XX, en el barrio Las Ferias.

Hijo menor de gentes humildes oriundas de Boyacá, sus padres fueron fundadores de Las Ferias cuando esa población era un asentamiento campesino ubicado en el noroccidente de Bogotá, donde no llegaban los servicios públicos, ni el transporte vehicular, ni la salud, ni la educación, y las familias que allí llegaron construyeron rudimentarios ranchos en cuyo alrededor sembraron huertas caseras que ayudaban a su mantenimiento.

Su padre, como muchos otros migrantes, se dedicó al trabajo de la construcción y fue así como, de su mano, Néstor Camilo conoció todos los vericuetos de la gran ciudad y aprendió a conocerla y a quererla. «De allí nació mi afición a las ciencias sociales», nos confiesa. «Cuando yo nací, ya había escuela en Las Ferias: estudié en la concentración escolar Naciones Unidas, que ahora es un colegio de bachillerato, pero que en ese entonces sólo tenía primaria. Terminé mi bachillerato en otro colegio de Bogotá y después hice una licenciatura de Ciencias Sociales en la Universidad Distrital. Mi gusto por la historia es más una ‘goma’: empecé a estudiar la historia de otros barrios del sur de Bogotá y después la de mi barrio. Esto coincidió con el fallecimiento de mi papá, a quien no alcanzamos a entrevistar para que nos contara desde su vivencia el nacimiento de Las Ferias. Con su muerte se perdió, además, parte de esa historia», nos cuenta pesaroso.

Ese asentamiento campesino data de los años 30 del siglo pasado. Lo primero que llegó fue el transporte público, cuando ya Bogotá se había expandido aún más hacia el noroccidente y surgieron nuevos barrios que hoy se conocen como el Garcés Navas y el Boyacá Real; en medio de ese núcleo semirural, conocido ya como Las Ferias, se creó un paradero de buses. Sólo hasta allí llegaba la ruta, lo que dio lugar al nacimiento de la plaza central que convirtió a Las Ferias en un villorrio, con iglesia, escuela pública, plaza de mercado y teatro para cine.

Eso fue ya en los años cincuenta. Los ranchos de muros de bahareque y techo de paja, junto con las huertas, desaparecieron para dar lugar a casas de ladrillos, con servicios públicos, y los barrizales de las calles donde transitaban preferentemente los vehículos de tracción animal —que todavía se conocen como zorras— fueron sustituidos por calles pavimentadas para automotores. Aún así, Las Ferias era como un pueblito donde toda la gente se conocía, tenía vida vecinal y parroquia: ese fue el barrio que conoció Néstor Camilo cuando pequeño, en los años setenta, y que todavía recuerda con añoranza.

La ubicación privilegiada de Las Ferias ha venido transformando la vocación del barrio. Si uno busca por Internet «barrio Las Ferias», el 99% de los ítems que uno encuentra son anuncios de venta de casas y casalotes que denotan por un lado la valorización que ha tenido allí la propiedad raíz, así como la proliferación de negocios de todo tipo, y de bodegas, comercios e industrias e iglesias cristianas, amén de otros negocios non santos como grandes moteles que lograron instalarse pese a la resistencia de los vecinos. Por ahora, se trata de un crecimiento desordenado, un poco caótico, donde la metrópoli —con todas sus virtudes y también con todos los riesgos— desarrolla una cultura urbana cada vez más lejana de la antigua cultura campesina que le dio nacimiento a este territorio.

Muy cerca al Parque Central se encuent|ra un corredor de cuatro pequeñas manzanas que se inicia en la calle 72 (antigua calle 68), y en donde se hallan el CAI, los Bomberos, el jardín infantil del ICBF, y luego la Biblioteca y el salón comunal. Más allá hay otro jardín infantil y por último uno de los grandes colegios distritales.

«Si visitan Las Ferias, vayan a la Biblioteca. Allí hay una veta importante para que la vocación residencial del barrio se mantenga viva frente al apabullante desarrollo comercial», nos aconseja Erika Amorocho, gestora cultural, quien nos facilitó los contactos para esta crónica.

La Biblioteca fue una creación de la Junta de Acción Comunal y actualmente funciona como una biblioteca barrial del programa de Biblored y que, además de su trabajo con los colegios, realiza un arduo trabajo con la comunidad. Eso nos lo cuenta Mauren Ardila, promotora de lectura y escritura que nos enseña la biblioteca con sus dos salas de lectura y su auditorio.

«Yo sueño con un barrio Las Ferias de nuevo bello, y en donde además del gran desarrollo económico florezcan las artes y las expresiones culturales », nos dice Néstor Camilo, sacudiendo un poco su nostalgia.


Néstor Camilo, memoria histórica del barrio Las Ferias

P.D.: Agradezco la colaboración de Giovanna Torres, por los apuntes realizados en las entrevistas y su gestión para los contactos.