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Carlos José Reyes: Premio Vida y Obra 2008

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Este es el premio más importante que se concede en Colombia a la vida y obra de un artista, y sólo ha asido otorgado en dos ocasiones: la primera, al intelectual y hombre de teatro Carlos José Reyes, y la segunda, en 2010, al poeta, escritor, traductor y pintor Nicolás Suescún.

La entrega de los premios se demora porque, por reglamentación, se debe hacer un libro sobre el ganador. La Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, con la asesoría del Consejo Distrital de Cultura, es la encargada del manejo y otorgamiento de los premios, a través de jurados altamente calificados.

El objetivo de este galardón es reconocer y valorar el trabajo de artistas colombianos, o extranjeros nacionalizados, que residan de manera permanente en Bogotá, y que cumplan con las siguientes condiciones: tener por los menos 65 años de edad y una trayectoria artística de gran relevancia e impacto para el ámbito cultural de la ciudad. Haber ejercido sus funciones al menos durante 20 años, ya sea en música, literatura, danza, teatro, artes plásticas o audiovisuales.

El Premio Vida y Obra, que se enmarca en el portafolio de convocatorias Bogotá tiene talento, otorga al ganador 50 millones de pesos. Pero tal vez es más importante el reconocimiento a su amplia trayectoria y resaltar los valiosos aportes entregados al campo artístico específico durante tantos años de creación y construcción artística.

Además del estímulo económico, dentro de las condiciones del premio se estipuló la publicación de la memoria biográfica y profesional del ganador, un libro que se lanza en una fecha posterior a la designación. Se busca así dar inicio a la Colección Vida y Obra, dedicada totalmente a registrar la trayectoria de los artistas que se hagan acreedores al galardón.

De esta forma, el Vida y Obra se convierte en el premio distrital de mayor importancia, tanto económica como de prestigio, al que puede acceder un artista o creador en Bogotá.

Palabras a mi padre
Pilar Reyes, hija de Carlos José Reyes, es la funcionaria más importante del mundo editorial en español. Vive en Madrid, y desde allí envió estas palabras que formaron parte de un video proyectado durante la ceremonia de entrega del Premio Vida y Obra 2008 a Carlos José Reyes. La ceremonia estuvo presidida por Catalina Ramírez Vallejo, en su calidad de Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte. Esta es una transcripción de las palabras de Pilar:

Mi papá nos enseñó a hacer herbolarios. En esta tarde de domingo de otoño madrileño, mientras hilo estas breves palabras que me han pedido, esa es, curiosamente, la primera imagen que ha venido a mi memoria: la imagen de otra tarde de domingo remota, en la mesa del comedor de nuestra casa en Bogotá, fijando con cinta pegante transparente, en un cuaderno blanco con papel mantequilla entre las páginas, hojas y flores recogidas en la montaña. Mi papá nos indicaba cómo pegar la planta sin romperla; nos ayudaba con la primera, pero nos indicaba que luego debíamos hacerlo nosotros solos.

Después, debíamos buscar su nombre científico y su nombre vulgar. Mi papá los anotaba a lápiz, debajo de cada especie, con su bella y clara letra. Pasábamos horas en ello. Era un ejercicio de disciplina y de constancia; de aventura, observación e investigación a un tiempo.

Este pequeño recuerdo sólo quiere significar que esa convicción profunda de que la vida que merece ser vivida es aquella que suma curiosidad, estudio, trabajo y creatividad. Y fue, desde nuestros primeros años, la elección más feliz.

Hoy se encuentran todos ustedes reunidos en esta biblioteca de sus afectos, por la que tanto hizo y para la que tantas cosa buenas sigue soñando, al celebrar la publicación de este libro que da cuenta del recorrido de su vida y de su obra, hasta hoy.

Carta de Enrique Buenaventura, otro de los grandes del teatro, a Carlos José, cuando fue nombrado director de la Biblioteca Nacional (1992):

Querido Carlos José:
¡Qué bueno habernos encontrado otra vez! Mi amistad contigo ha sido siempre entrañable, siempre verdadera, y soplar el rescoldo y espantar tanta ceniza cotidiana que ha llovido y descubrir que arde la brasa, que está allí el fuego todavía y que no se va a apagar, es algo que no se paga con nada.
[…]
Una vieja negra de Buenaventura, al ver que amontonábamos currulaos, jugas, arrullos, décimas y cuentos de Fermín Ríos y no teníamos apoyo (ya se murió; no puedo contarle que no ha llegado el apoyo todavía), me dijo: «para todos los males hay remedio, menos para el gobierno». No se me olvida: los gobiernos no me lo dejan olvidar. Al contrario, me lo refriegan todos los días en la cara.
[…]
Y bueno, ya que estás allí y con tu entusiasmo y tu sentido raro —cada vez más raro— del querer hacer más que del deber hacer, te quiero comunicar unas inquietudes en las cuales me puedes ayudar, creo. Tengo, desde hace tiempo, unas obsesiones —inmemorables tiempos— unas obsesiones que maduran y maduran y ha llegado el tiempo de enfrentarse con ellas.
[…]
Peru de Lacroix, el general Avelino Rosas, padre de mi abuela materna, personaje, ella, a su vez, del cual nace La orgía y Paulina Bonaparte, hermana de Napoleón, a la cual el emperador casó con el general Leclerc y los mandó a los dos a Haití para restaurar la esclavitud.
Murió allí Leclerc a manos de Dessalines pero... ¿qué pasó con Paulina, a la que un famoso escultor de la época, cuyo nombre se me vuela (ahora se vuelan tanto de las cárceles) le hizo una linda escultura neoclásica, desnuda, con un bello culo y acostada en un diván? Bueno, con ella quiero tener relaciones…  -¡Ay, literarias! (como exclamaría un romántico). Porque creo intuir en la ‘soledad’ del lecho, bajo un toldillo, cuando el huracán haitiano derrotó a Napoleón.
[…]
Me faltó algo: ¿habrá allá algo sobre Ubico o un historia de Guatemala?
Pues otro proyecto es reescribir La trampa, con una óptica nueva y datos históricos. Bueno, otro abrazo y un beso a Clarita, Enrique.


Carlos José Reyes en su estudio

De Santiago García, un grande más de nuestro teatro:
Carlos José influyó muchísimo en el surgimiento del teatro moderno con las obras que hizo, con las obras que dirigió, con los grupos que formó.

De Jorge Alí Triana
Es un hombre con una imaginación desbordante y una pasión gigantesca por lo que hace.

De Patricia Ariza
Carlos José pertenece a la generación de los hombres cultos, que siguen con grandes utopías sociales.

Elvira Cuervo de Jaramillo
Es uno de los colombianos que más conocen nuestra historia y nuestras tradiciones.

De Sandro Romero Rey
Ante todo ha sido. Ha sido un intelectual íntegro, en un continente donde los intelectuales son excepciones felices en la regla de la barbarie. Una de las figuras emblemáticas del nuevo teatro colombiano. Carlos José Reyes en su estudio Carlos José Reyes: testimonios de sus amigos

De Gilberto Martínez
Conocí sus obras y puse en relieve Dulcita y el burrito, que fue un éxito sin precedentes, con temporadas consecutivas en el teatro Pablo Tobón Uribe de esta ciudad [Medellín]. Puedo asegurar que, al iniciarme en el difícil arte de la dirección, las apreciaciones y consejos del autor y sus cartas fueron decisivos en el resultado final. […] Durante estos años inolvidables me dejé subyugar por las enseñanzas, para mí de un Maestro; me embelesé, cuando iba a la capital y lo visitaba, con sus palabras que fluían sin cesar, creando escenografías de las obras que tenía en mente, sueños de un creador infatigable y sabio. Todo ello enmarcado en una humanidad que no había conocido antes en el mundo teatral.

Fui testigo de sus actuaciones como la del papa en Galileo Galilei, bajo la dirección de Santiago García; de los textos de Soldados y de la creación de su grupo de teatro El Alacrán. Fui varias veces a la sede donde plasmaba sus sueños para ser espectador de sus montajes más célebres. Siempre lo consideré, y considero, una de las figuras más importantes y significativas del teatro en Colombia. Y lo que es, sin lugar a dudas, una huella indeleble de su rango, su calidad humana, que no tenía —ni tiene— parangón en este mundo donde se mueven pasiones e intereses de todo tipo.

No es mi interés reseñar todo lo que ha escrito y dirigido, de ese saber que deja por todos los lugares adonde es invitado, en los artículos, la reseñas, las recopilaciones, etcétera, etcétera, testigos del amor y la pasión por el oficio teatral.
[…]
No puedo menos que envidiar su saber humanístico, ese que le ha permitido no sólo estar presente en el mundo teatral, sino en el de la televisión, del el cine nacional, ser director de la Biblioteca Nacional, etcétera. Su faceta de investigador me conmueve y admira.
[…]
Hay algo, para terminar, que no quiero dejar de lado: Carlos José es pionero de pioneros en Colombia, y su prudencia no deja que se trasluzca una cierta amargura cuando —y estoy seguro que lo hace— recuerda todo lo que le ha tocado vivir y siente, en algunas ocasiones, que no se le ha comprendido y ha sido desplazado injustamente.

Pá adorado: supongo cuán importante es este momento para ti, y sé que lo es no porque da cuenta del pasado, de lo que ya has hecho y conseguido, sino por lo que significa de incentivo para encarar el futuro, porque tú conservas la curiosidad intacta ya que tu herbolario personal tiene aún muchas páginas en blanco, porque tu obra es aún una obra en marcha.

Me gusta estar esta noche acompañándote, de voz y de corazón, con el orgullo y la gratitud inmensos para ti —que has sido, para nosotros tres, padre y maestro—. Desde aquí, todo mi amor.