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Breviario arbitrario de literatura colombiana

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Por Pedro Crespo Otálora

Este libro reúne 51 textos de Juan Gustavo Cobo Borda (1948) sobre literatura colombiana. Abarca, primordialmente, la narrativa y el ensayo. Están allí estudiadas obras ya clásicas como El carnero, La vorágine y Cien años de soledad. También otras de más elusiva clasificación, como serían las de Vargas Vila y Sanín Cano. Las de Germán Arciniegas y Nicolás Gómez Dávila.

En todo caso, el libro, animado por el fervor de la lectura, revisa y rescata figuras un tanto desdibujadas, como serían las de César Uribe Piedrahita o José Antonio Osorio Lizarazo; o profundiza en temas álgidos y polémicos, como sería el caso de la literatura de la violencia.



Gabriel García Márquez
Foto © Guillermo Angulo

De igual modo, una relectura de la revista Mito, desde el ángulo de la poesía, lleva a fijarnos en escritores como Manuel Mejía Vallejo y Álvaro Mutis, para contemplar luego el amplio mapa del aporte femenino a nuestras letras: Elisa Mújica, Helena Araújo, Marvel Moreno, Alba Lucía Ángel y Laura Restrepo, quienes muestran en su ficción los a veces dolorosos cambios con que Colombia intenta dejar atrás un pasado hirsuto, de machismo e intolerancia.


Manuel Mejía Vallejo
Foto © Guillermo Angulo

Lejos de las juergas críticas tan efímeras, Cobo Borda, desde 1968 aproximadamente, ha mantenido una insólita profesión en nuestro medio: la de simple lector. La de quien señala las nuevas propuestas en el momento de su aparición. Tal sería el caso de Fernando Vallejo o Luis Fayad, de R.H. Moreno Durán o Tomás González, de cuyos nacientes libros él fue de los primeros en reconocer como sugerentes y valiosos. Sin olvidar a Andrés Caicedo, de cuya primera novela, ¡Que viva la música!, fue editor y divulgador por escrito de sus innegables méritos. Y su energía crítica y cuestionadora.

Muchos otros nombres y obras, como los de Gustavo Álvarez Gardeazábal, Mario Mendoza o Antonio García, proyectan, hasta nuestros días, su vigilante lectura de nuestra ficción, acompañándolo en este empeño ensayistas y críticos como Hernando Téllez, Ernesto Volkening o Hernando Valencia Goelkel, que también en este Brevario arbitrario encuentran su justo lugar.



Laura Restrepo
Foto: Juan Luis Ramos

En un país tan propenso al olvido y la deformación interesada, Cobo Borda busca que nuestra memoria intelectual se mantenga activa, al sepultar con rigor lo deleznable y llamar la atención sobre libros, temas y figuras que languidecen en un sospechoso limbo. En estas páginas, Cobo Borda les devuelve su energía creativa y mide las razones, incluso en el caso de su fracaso o abdicación, para comprender mejor un país y una literatura que lo expresa, contradice o trasciende. Tal sentido de este breviario, elaborado con meditada pasión y fructífera arbitrariedad.
Al referirse al ejercicio critico de Cobo Borda, Octavio Paz lo calificó de admirable: «Admirable por partida doble.


Juan Gustavo Cobo Borda
Foto: Mariela Agudelo

Por su lucidez y por su pasión. Una lucidez hecha de rigor y simpatía cordial, una pasión que conoce el entusiasmo y, también, la indignación». Por su parte, Álvaro Mutis, al referirse al libro de Cobo Borda, La tradición de la pobreza, lo llamó «el más hermoso libro de ensayos de Colombia después de los escritos por Hernando Téllez».
Todo lo cual se renueva y confirma en este Breviario arbitrario de literatura colombiana.