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Don Rufino José Cuervo: Padeció guerras fraticidas y guerras gramaticales

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Por Óscar Alarcón Núñez

Le tocó vivir a Rufino José Cuervo los inicios de nuestra República, luego de la Independencia. Nació en 1844, cinco años antes de que su padre (de igual nombre) fuera candidato presidencial en la célebre elección en la que se escogió a José Hilario López y donde prácticamente nacieron los partidos liberal y conservador. El joven lingüista presenció gran parte de las guerras civiles del siglo pasado y en su madurez observó, sin participar en los hechos, la caída de su partido, el conservador; la de su gobernante Mariano Ospina Rodríguez, y la de la Constitución de la Confederación Granadina.


Soldados antes dede la batalla dede Palonegro en mayo dede 1900, en la guerra dede los Mil Días.

Ospina, que se decía amigo del federalismo —tanto que se vanagloriaba al afirmar que era «católico, apostólico, romano… y federalista» y como tal sancionó la Constitución de 1858—, produjo en su gobierno una serie de disposiciones en contra de los Estados que les produjo tanto disgusto que los obligó a enfrentarse al poder central. Uno de los primeros en manifestar su desacuerdo fue el Estado de Santander, a tal punto que las fuerzas del Gobierno Nacional marcharon hacia el Socorro y el 15 de agosto de 1860, en el Oratorio, batallaron con las del Estado, venciéndolas y apresando al gobernador Antonio María Pradilla. La administración de Ospina, violando la Constitución que él mismo había sancionado, entró a gobernar ese Estado con un claro abuso de poder y una agresión sin antecedentes en la historia nacional.

Pero, paradójicamente, ese triunfo en el Oratorio fue el comienzo de las desgracias que le esperaban al partido Conservador: la derrota y la proscripción. Se inició la guerra, cayó el gobierno de Ospina —quien además fue apresado—, llegó a su fin la Constitución de 1858, conocida como la de la Confederación Granadina, y los radicales iniciaron su camino para adoptar la Constitución de 1863, la de los Estados Unidos de Colombia, que fue la más duradera del siglo.

Como los Cuervo eran conservadores, los dos hermanos de Rufino José, Antonio Basilio y Ángel, se enrolaron en el ejército de la Confederación para defender a su partido y a su gobernante, Mariano Ospina Rodríguez. Pero los hechos de Santander precipitaron que el general Tomás Cipriano de Mosquera, quien gobernaba el Cauca, lograra la autorización de la asamblea legislativa de su Estado —por lo demás, de mayoría conservadora—, para declarar la guerra al gobierno de la Confederación debido a que las leyes expedidas por el Congreso Nacional menoscaban la soberanía de esos entes territoriales. Mosquera se reconcilió con su pariente, paisano y enemigo de 30 años, el general José María Obando, jefe del liberalismo, para luchar contra el Gobierno Nacional. Al mismo tiempo dictó un decreto en el cual, «considerando que se había roto el pacto federal y conculcado la soberanía de los Estados con la expedición de las leyes inconstitucionales de 1859», el Cauca declaraba su separación de la Confederación y el desconocimiento de las autoridades federales residentes en su territorio. Igual actitud asumieron los estados del Magdalena y Bolívar a la cabeza de Juan José Nieto, quien también había tenido diferencias con Mosquera pero, ante las circunstancias, optaron por unirse en la búsqueda de los mismos propósitos.

Al caer el gobierno de Ospina y la Constitución de la Confederación Granadina, Mosquera, tan amigo de los títulos rimbombantes, se proclamó como supremo director de la guerra y presidente provisorio de los Estados Unidos de la Nueva Granada. Ha sido esta la única revolución que ha triunfado en Colombia. Como resultado de esos hechos, el 30 de enero de 1862 Ángel Cuervo, quien se había sumado al ejército de la Confederación, se fue a buscar fortuna en las salinas de Sesquilé sin mayores resultados, tanto que cuatro años después ya estaba de regreso en Bogotá.

También a Rufino José Cuervo le correspondió observar desde la barrera el golpe de estado que el designado, Santos Acosta, le dio al presidente titular, Tomás Cipriano de Mosquera, el 23 de mayo de 1867. El movimiento estaba previsto para dos días antes, pero por un acto pueril el instigador lo aplazó: el sastre no le había terminado el uniforme blanco-gris con galones de oro al estilo austríaco con que deseba tomar el mando.

El golpe contra Mosquera determinó que Ezequiel Uricoechea, el gran amigo de Rufino José Cuervo, perdiera la confianza en las instituciones democráticas del país y resolviera irse a vivir a París, destino que años después también tomaría el ilustre lingüista colombiano.

El ascenso de Núñez al poder, y la llegada de su otro amigo, Miguel Antonio Caro, al gobierno, nunca fue del agrado dedon Rufino José. a pesar de que entonces ya se hallaba viviendo en la Ciudad Luz. Y eso que su hermano, Antonio Basilio, uno de los que defendió el gobierno de Ospina cuando lo derrotó Mosquera, fue también uno de los tantos que Núñez encargó del gobierno. Enrique Santos Molano anota en su biografía de Cuervo que el gran lingüista, con humor, denominó al régimen de Núñez «Regeneración desastre», paráfrasis poco caritativa del planteamiento del hombre del Cabrero: «Regeneración o desastre».