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¿Y de la cultura democrática, qué?

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Otty Patiño
Observatorio de Culturas

 

La frase “cultura política” es atribuida al investigador estadounidense Gabriel Almond a partir del análisis de una encuesta que aplicó, a finales de la década de los años cincuenta, en cinco países para determinar qué tanto del régimen político de democracia liberal era aceptado por parte de la población de esas naciones: Estados Unidos, Inglaterra, México, Italia y Alemania.

La medición de esa aceptación consideró tres dimensiones: conocimiento, afectividad y valoración. La dimensión más importante para medir la cultura política giró alrededor del conocimiento del sistema político y, por ello, Almond le dio gran importancia a la formación académica, a los medios de comunicación, a la familia y al ejercicio que cada persona realiza como ciudadano para construir un criterio racional sobre la democracia liberal y su funcionamiento.

La cultura ciudadana, que integra importantes aspectos de la cultura política, es asociada en Colombia con el nombre de Antanas Mockus, quien como alcalde de Bogotá, en sus dos administraciones, puso su énfasis en el desarrollo de buenos comportamientos de los ciudadanos para mejorar la convivencia en una metrópoli como Bogotá donde, a las dificultades propias de una urbe con un inmenso caos urbanístico, con grandes desigualdades sociales, y con una clase política desprestigiada, se le sumaba una ciudadanía incompetente para afrontar o, por lo menos, atenuar esas dificultades.

Según Mockus, lograr buenos comportamientos era posible a través de la armonización de tres dimensiones del control: el control legal, el control social y el autocontrol. Él midió la eficacia de sus políticas a través de dos encuestas (2001 y 2003) que dieron origen al seriado que hoy se conoce como Encuesta Bienal de Culturas.

La cultura democrática es un concepto que han trabajado algunos académicos, especialmente en México y Francia. Desafortunadamente, otros teóricos la han confundido con el de cultura política al establecer como preconcepto que la democracia es esencial —y únicamente— un sistema político cuyo paradigma es la democracia liberal. Y que la cultura política es su asimilación a ese sistema.

Pero la democracia va más allá de las relaciones de las personas con el estado. La democracia vive o muere en la manera cómo se relacionan entre sí las personas que cohabitan un territorio. Si lo hacen desde la desigualdad, la intolerancia y la discriminación, así acepten el régimen de democracia liberal, no están construyendo una sociedad democrática.

La Constitución Política colombiana consagró el mandato de construir un país democrático, pacífico, basado en el derecho, la multiculturalidad, la integración social y la soberanía del pueblo. Durante los veinte años de su vigencia, ha ido surgiendo una nueva cultura para borrar la centenaria huella de barbarie que generó la Constitución de 1886.

Eso es lo que actualmente vamos a medir con la Encuesta Bienal de Culturas 2011. La cultura democrática en Bogotá.

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