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Manuel del Socorro Rodríguez: El Aviso del Terremoto

Versión para impresoraPor Alberto Rodríguez Tosca
Con ese apocalíptico titular se firma el acta de nacimiento del periodismo colombiano el 12 de julio de 1785, y de remate la más extravagante de las exactitudes: “A las siete y tres cuartos de la mañana, dos segundos”. Lo publicó el cubano Manuel del Socorro Rodríguez de la Victoria (Bayamo, 1758-Bogotá, 1819), en la primera página del primer semanario de que se tiene noticia en el país.



Grababado de Manuel del Socorro Rodríguez
 publicado el El Papel Periódico Ilustrado,
Edición facsimilar de Carvajal y Compañía

 
   
   
En este país experto en terremotos (y no siempre y precisamente telúricos), decidió radicarse el periodista bayamés el 18 de octubre de 1790. Lo invitó a la entonces Santa Fe de Bogotá el gobernador de la isla, brigadier José de Ezpeleta, recién erigido virrey de la Nueva Granada. Apenas recuperándose del cruce de caminos a que lo sometió el verano eterno de su Bayamo natal y los días y noches invernales de La Sabana, fue nombrado bibliotecario público de la Real Biblioteca de la capital del virreinato, cargo que ocupó hasta su muerte, con un salario de 400 pesos que apenas le alcanzaba para comer y pagar una pequeña pieza que armó en un rincón de la misma Biblioteca.

Pero Manuel del Socorro Rodríguez, más que periodista, fue un pensador y un intelectual (intelectual sin academia y pensador sin pedantería). Autodidacta de profesión y renacentista por convicción, primero en Bayamo y después en Santiago de Cuba, ejerció el magisterio, la carpintería y la talla de madera, oficios que aprendió de su padre. Estudió dibujo, pintura, caligrafía y humanidades. Empedernido lector, desde los cinco años devoró cuanto libro caía en sus manos y se preparó para sus futuras andanzas bogotanas.



Ya arraigado en la ciudad (El aviso del terremoto sólo sobrevivió a dos impresiones). Funda entonces El papel periódico de Santa Fe de Bogotá, al que le fue mejor, con 265 ediciones repartidas entre el 9 de febrero de 1791 y el 6 de enero de 1797. Con él la capital del Nuevo Reino de Granada le abría las puertas a la modernidad. Si bien otro cubano, Francisco Javier Cisneros, con la creación del ferrocarril (de Antioquia y otros) contribuyó a acortar las distancias entre muchas regiones del país, con la creación de El papel periódico Del Socorro Rodríguez hizo que se acortaran las distancias entre Bogotá y el mundo. La aldea grande comenzó a parecerse cada vez más a su impuesta y un tanto borrosa condición de capital. Con la aparición de esta publicación pasan a un segundo plano bandos y edictos, carteles y avisos, folletos y chismes callejeros, como los únicos medios por los que se tenía acceso a las noticias.

Simultáneamente, en compañía de varios amigos Rodríguez crea la famosa Tertulia Eutropélica, en la cual participan patriotas, pensadores y científicos del talante de Antonio Nariño, Francisco Antonio Zea, Francisco José de Caldas y José Celestino Mutis, entre otros. Nada mal para una ciudad pequeña y gris que, en el ocaso del siglo XVIII, se dejaba llevar por la somnolencia y el letargo a falta de otros espacios para deshacerse del galopante provincianismo que por entonces la aturdía. Mientras en Europa las ideas del Iluminismo francés (en pleno Siglo de las Luces) ya le daban la vuelta al mundo, aquí (como en un Siglo de las Sombras) el oscurantismo santafereño se tomaba las calles y hacía repicar como poseído las campanas de las pocas iglesias que quedaron en pie después del terremoto.

Fueron El papel periódico y los “eutropélicos” de don Manuel los que les dieron a los granadinos la posibilidad de acceder a los nuevos saberes de la ciencia y el pensamiento universales. Alrededor de ellos comienza a formarse una generación de criollos cultos, interesada en esculcar con pinzas de satén en el pasado y el futuro de América, la conquista y la colonización, la reinterpretación de las culturas indígenas y de la cultura en general, la necesidad de crear una gran Enciclopedia Americana (a la manera de la de Voltaire y Diderot), la importancia de la historia como único camino para reencontrarse con la historia, pasando por la arquitectura, la arqueología, la literatura, la lingüística, las artes, así como por el día a día y la vida doméstica de una ciudad atrapada, como escribió casi un siglo más tarde Antonio Machado, “entre una España que muere y otra España que bosteza”.


Portada de El Aviso del Terremoto, cortesía de la Biblioteca Nacional


Luego del Grito de Independencia del 20 de julio de 1810, Manuel del Socorro Rodríguez dejó de recibir su sueldo de bibliotecario y tuvo que vivir de la caridad pública, entre otras y muy especialmente de la ayuda incondicional de la familia de Jorge Tadeo Lozano. El padre del periodismo colombiano murió en la pobreza absoluta y “en olor de santidad”, según crónicas de la época, con el hábito de San Francisco de Asís cubriendo su cuerpo, un rústico crucifijo en la mano y la cabeza apoyada en una piedra que utilizaba de almohada.

Los habitantes de la capital tuvieron que hacer una colecta para pagar el entierro.