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Navidad: diversa y tradicional

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Por Vespasiano Jaramillo Barón
Todas las criaturas vivientes deben hacer fiesta en la Navidad. Así lo indicaba San Francisco de Asís, quien siempre quiso hacer algo para ayudar a la gente a recordar al Cristo niño y las circunstancias como nació en Belén.

Un 25 de diciembre nace Jesucristo, según se expresa en los evangelios de San Mateo y San Lucas. La Natividad o natalicio es una forma de celebrar la vida sobre la muerte en unos rituales que han tenido infinidad de matices, según los ámbitos culturales y las épocas.

Se cuenta que San Francisco de Asís construyó una especie de cueva e invitó a los campesinos de los alrededores a una misa de medianoche en la que actuó como diácono y predicó sobre el misterio de la Natividad. Por esto, se le atribuye haber comenzado en aquella ocasión la tradición del belén o nacimiento. El santo había dicho que quería hacer “una especie de representación viviente del nacimiento de Jesús en Belén para presenciar con los ojos del cuerpo la humildad de la encarnación y verle recostado en el pesebre entre el buey y el asno”.

En tiempos de la Colonia, hacia 1700, los franciscanos empiezan a celebrar las navidades y a extender esta costumbre entre la población de los territorios dominados por España. Desde entonces, la práctica de la nochebuena se ha venido diversificando, aunque conserva un espíritu particular que combina la religiosidad profunda y arraigada en algunas regiones de Colombia, descomplicada e informal en otras, la rica gastronomía de distintas las regiones nacionales y el ambiente festivo de sus gentes.

Pero visto desde lo más tradicional, con el paso de los años la Navidad se ha convertido en algo sofisticado y caro. En torno a los pesebres o nacimientos se han impuesto ideas más comerciales y menos evocativas del gran acontecimiento cristiano, que han originado la protesta de quienes quieren mantener lo realmente religioso del asunto. Tal vez, esto haya llevado a que se compre “hasta lo más sagrado del espíritu humano”.

Así, no son pocos los que sugieren recuperar, en ciudades como Bogotá, prácticas como la reunión familiar o de amistades ante el pesebre con los “hermanos animales”, como lo solicitaba San Francisco de Asís, aún con anacronismos como ambientar el hecho de la Natividad con maquetas de edificios, autopistas o aeropuertos. También volver al juego de “los aguinaldos”, menos oneroso y más comunicativo. “Tres pies”, “Pajita en boca”, “A dar y no recibir”, “Al sí y al no”, en medio de las novenas que recuerdan el trayecto de San José y María antes de llegar a Belén.

En fin, como en el cuento, que no toque reprender al niño que en su carta a Jesús pidió 25 regalos y que su madre, en tono enérgico le advirtió: “Los reyes magos vienen en camellos, no en camiones”.

En Bogotá, valga la ocasión para no perderse la invitación de la Secretaría de Cultura Recreación y Deporte a recorrer la tradicional Ruta de la Navidad que incluye visitas a lugares significativos del Centro Histórico de las localidades tres de Santa Fe y 17 de La Candelaria. En estos recorridos se goza de la iluminación navideña en la llamada “Ruta de la Luz”.

¡Qué todos hagan la fiesta en esta Navidad!

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