Amazonía perdida: La Odisea fotográfica de Richard Evans Schultes
Por Alejandro Arciniegas Alzate
“Era una tierra donde los dioses reinaban”
Richard Evans Schultes
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| Richard Evans Shultes |
Amazonía perdida. La Odisea fotográfica de Richard Evans Schultes es un compendio de sabiduría etnográfica y crónicas viajeras, escritas con esa economía retórica tan propia del cerebro científico. Un testimonio de época, tanto como el anexo humanístico a un sinnúmero de revelaciones botánicas, narrado bellamente, como si de ciencia novelada se tratara.
El nombre de Schultes suele citarse delante de muchos cuyo tanteo de las plantas alucinógenas está mejor documentado: fue él quien inauguró la Era Psicodélica en Estados Unidos de Norteamérica. Pero, mientras que figuras como William Burroughs y Timothy Leary se hicieron famosos a razón de sus escándalos públicos, el profesor Schultes tenía un pretexto más elegante: fundar la ciencia etnográfica.
Schultes describe a Bogotá como una ciudad llena de callejuelas que se extienden hasta morder las faldas de Monserrate, coronada por una iglesia que lo preside todo como un astro. Una ciudad de «curas y organilleros, vendedores de pájaros, gitanos y locos inofensivos que medraban felices, y donde todo el mundo se vestía de negro».
En Bogotá realizó el primero de aproximadamente veinticinco mil descubrimientos científicos que acopiaría en Colombia durante doce años de expediciones botánicas. Wade Davis relata cómo su profesor, sintiéndose atraído por el risueño andar de un grupo de niños guiado por un monja, siguió discretamente sus pasos hasta un pequeño promontorio, en donde encontró una pequeña orquídea, descrita como la Pachiphyllum Schultessi, enteramente nueva para la ciencia.
Cuando Schultes viajó al Amazonas, gobernaba en las comunidades científicas la visión romántica de Alexander von Humboldt, cuyos estudios naturalistas produjeron una ruptura definitiva en la forma como los europeos interpretaban a los pueblos indígenas de Suramérica. Fue Humboldt quien desautorizó para siempre la categoría de ‘bárbaro’ con que se designaba a los nativos del continente.
Esta visión romántica que personifica a la naturaleza y percibe la selva como un ente en relación con el alma americana, es la misma que acusan las investigaciones de Schultes. Humboldt había aportado la matriz teórica de todos los sondeos occidentales en la América meridional a partir del siglo XVIII. Schultes, por su parte, gracias a sus experimentos con las plantas sagradas, comprendió hasta qué punto los conocimientos indígenas desbordaban el marco.
Richard Evans Schultes se desplazaba ligero de equipaje entre la selva, con un par de mocasines bañados en aceite de Nueva Orleans y una maleta provista con apenas lo necesario: una hamaca, suero antiofídico, una jeringa, su equipo de recolección de plantas y una cámara Rolleiflex de rollos compactos. Alimentándose al azar, acaso una lata de fríjoles bostonianos en salsa de tomate, según Davis, menos para matar el hambre que para contentar el ánimo cuando las cosas se ponían feas.
En aquel tiempo sin minutero de la selva, Schultes guindaba su hamaca, traducía los relatos de cronistas españoles y estudiaba los poemas de Homero, Ovidio y Virgilio. Consignó juiciosamente los pormenores de sus hallazgos científicos, pero nada o muy poco registra de cuanto piensa en silencio. Sabemos que se aferraba a esta literatura como a un madero, para no extraviarse en la deriva mental que amenazaba con sepultar sus nociones en la perturbadora cosmogonía del Amazonas.
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Humboldt introdujo la dimensión artística en la ciencia de su época, enriqueciendo la bitácora con íconos al margen del dato taxonómico. Había argumentado que para entender a nuestros aborígenes hacía falta situarlos en su medio ambiente, valiéndose de óleo y carboncillo. A partir de esta brillante observación, las exploraciones científicas en suelo americano contaron con ilustradores especializados entre los miembros de equipo.
A Richard Evans Schultes cupo el honor de realizar el primer trabajo de auténtica reportería fotográfica.
Asistió a las ceremonias indígenas con radiantes ojos avizores. Desde los cantos pentatónicos de los indios yucuna, hasta las prácticas medicinales de los chamanes cofán: en todas partes una incógnita; en todas partes, imágenes de niños o ancianos, con ese empaque soberbio del oriundo americano, a quien sólo desmiente una tristeza insondable en sus pupilas oscuras.
Amazonía perdida. La Odisea fotográfica de Richard Evans Schultes es además un libro doloroso. La selva que describe fue diezmada por medio siglo de transformaciones violentas. Aquí y allá, el equipo de Schultes se topa con tribus de hombres y mujeres mutilados durante los años veinte del siglo pasado, cuando la fiebre del látex se adueñó de Occidente. Frente a la Amazonía colombiana, Wade Davis expresa este asombro: mientras las selvas peruana y brasilera fueron pronto convertidas en rutas para el comercio del caucho, en cambio, la selva colombiana no puede atravesarse del todo.
No estamos delante de un simple relato, sino de una cruda evidencia. Un libro elegíaco que honra la memoria de Schultes y enciende las alarmas del mundo.
Con las fotos de su Rolleiflex, tomadas en la Amazonia colombiana, Richard Evans Schultes convirtió la ciencia en arte.
Chris Murray / Fotógrafo
Agradecimientos a Benjamín Villegas director de Villegas Editores y a Juan David Giraldo, director de arte, por el suministro de todos los materiales que hicieron posible esta publicación.















