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Libro al Viento, Llega al bicentenario y sigue tan campante

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Por Marcela Joya

Quizás la única razón válida para no leer es no querer hacerlo. No toparse hoy en Bogotá con un libro a pocas cuadras de la casa es como no encontrar pan para el desayuno. Antes había que ir a buscar los libros. Ahora ellos vienen a nuestro encuentro, gracias a Libro al viento, que acaba de llegar a su edición número 63.

Lo que hace unos años sólo se podía conseguir en las bibliotecas públicas, ahora se encuentra en los parques, estaciones de TransMilenio y plazas de mercado; ese es el objetivo de este programa, fortalecido durante el gobierno de Samuel Moreno Rojas, y que ha sido copiado en otros países.

El programa Libro al viento es un deleite para la inteligencia creado por la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte y la Secretaría de Educación, con el apoyo de la Secretaría de Salud, IPES-Misión Bogotá y coordinado por la Fundación Gilberto Alzate Avendaño. Desde hace seis años se produce este antídoto, que consta de una serie de títulos de la literatura desde clásicos universales, pasando por el legado latinoamericano, hasta los más estrechos testimonios que involucran la vida del colombiano.

En la actualidad se han publicado 41.000 ejemplares de cada título, y al finalizar el año pasado se entregaron a la ciudad un total de 410.000 libros que se distribuyeron en cinco plazas de mercado, 22 hospitales públicos, 220 comedores comunitarios, 44 Paraderos para Libros para Parques (PPP), seis Bilioestaciones del sistema TransMilenio, 100 clubes de lectores, 16 Cades y Súper Cades y en todos los colegios del Distrito.

Se crearon las Biblioestaciones, que empezaron a funcionar como las bibliotecas públicas: el interesado se inscribe, saca libros y, al devolverlos, le prestan otros. Todo gratis. Lo mismo en los Paraderos para Libros para Parques, que son aquellos puestos amarillos con libreros vestidos de amarillo situados en alguna esquina de los parques. Lo mismo en las plazas de mercado y, de algún modo similar, en los hospitales. En los Cades y comedores comunitarios la cosa sigue andando con tratos de palabra.

Todo empezó como una adaptación del programa mexicano de libros para leer en el metro. En Bogotá, los libros se reparten y el lector tiene la opción de devolverlos o quedarse con ellos. Por fortuna, hoy se registra un 90% en las devoluciones, un verdadero récord y, como dice Catalina Ramírez Vallejo, Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte:

La lectura es una de nuestras prioridades y nuestro esfuerzo ha visto cómo se ha ido transformando la cultura ciudadana y se ha ido facilitando el acceso a los libros, y a otra lecturas, en Ciudad Viva.

Según la secretaria de Cultura, Recreación y Deporte, antes de mediados de este año se llegará a las 70 ediciones de Libro al viento, una colección en la cual encontramos desde Antígona de Sófocles hasta los cuentos de Rafael Pombo, de Gabriel García Márquez, Juan Rulfo y Rubem Fonseca, pasando por Cartas de la persistencia y Radiografía del Divino niño y otras crónicas bogotanas que, sin ser de autores conocidos, acercan al capitalino a su cotidiana realidad. Ese es uno de los criterios con los que se seleccionan los libros: la cercanía al lector.

Otro, que sean obras que históricamente hayan demostrado ser importantes para la literatura, y otro más, que sean de relevancia para la formación literaria de niños y jóvenes quienes, se ha comprobado, son el público esencial. Existe además un comité editorial, conformado por importantes figuras de la literatura nacional, como Ana Roda, Yolanda Reyes y Darío Jaramillo Agudelo, que participan activamente en la selección.

La actualidad de Libro al viento es patente en las tres últimas ediciones, escogidas precisamente pensando en un tema que estará en la mente de los colombianos durante todo el año: el Bicentenario de la Independencia. La antorcha brillante nos narra, a manera de crónica literaria, la historia del Precursor, Antonio Nariño, quien tradujo Los derechos del hombre y del ciudadano. Eduardo Escallón, el autor de este relato, le cuenta al lector en forma amena la vida del prócer.

Viva la Pola es otro de los libros. Escrito por Beatriz Helena Robledo, más que una biografía es una historia novelada de la vida de la heroína de la Independencia, Policarpa Salavarrieta. Está escrita en un lenguaje sencillo y coherente que tanto un niño pequeño como un adulto pueden entender y divertirse al leerla.

Con ¡Soy Caldas!, biografía del prócer criollo oriundo de Popayán, pasa lo mismo. Aunque este libro se dirige más a jóvenes que a niños, en sus páginas el autor, Stefan Pohl Valero —historiador de la Javeriana— le permite al lector saber por qué Caldas tenía bien ganado el mote de sabio. ¡Sí que lo era!

Esta serie, pues, es un buen ejemplo de que cualquier tema, bien tratado y bien escrito, interesa a los lectores. Una de las metas de Libro al viento es incitar el amor por la lectura. Y por la literatura que permite viajar con la imaginación.

La literatura que uno busca y la que lo busca a uno. Gracias a Libro al viento, los bogotanos llevan 63 oportunidades disfrutando la alegría de leer.