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Libros por centavos, Poesía que nace entre árboles

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En medio de 65 mil metros cuadrados cruzados por senderos bordeados de todos los verdes, azules, rojos, amarillos y violetas que pintan cada recodo, vuelan miles de versos plasmados en poesía. Llegan, se posan en las hojas de los árboles y mágicamente se transforman en hojas de libros, llenos de versos, llenos de poesía que volará con rumbo a las almas perceptivas, como los aromas florales del mismo campus. El lugar: la universidad Externado de Colombia, en La Candelaria, centro histórico de Bogotá. El objeto: Un libro por centavos. Pura poesía concentrada en pequeños ejemplares que miden apenas 15 x 10 centímetros.

La idea de estos libros nació como una iniciativa, muy de acuerdo con el pensamiento humanista del Externado, de difundir la poesía como un medio más para alimentar la mente, cuestionar y dudar. Estos libritos, que de pequeños sólo tienen su tamaño, navegan desde hace siete años por las calles del país, nacidos de la voz de distintas generaciones de poetas nacionales e internacionales. El empujón para salir a la luz se lo dio Miguel Méndez Camacho, hoy decano cultural de la universidad, quien al hacer esa atrevida propuesta editorial al comité de publicaciones ya tenía bien pensada una estrategia de distribución coherente, con el objetivo de contagiar el disfrute de la literatura: repartirlos como obsequio a los suscriptores de El Malpensante, quienes ya han recibido medio millón de ejemplares.

Además, se hace llegar otros 200 mil a bibliotecas públicas, casas de cultura, colegios, universidades, festivales, escuelas, encuentros literarios, cárceles, organizaciones gubernamentales y bibliotecas ambulantes, con lo que hasta la fecha suman publicados 56 títulos con un tiraje superior a los 700 mil ejemplares.

Parte de los 13 mil Libros por centavos que la universidad publica cada mes, pueden adquirirse por un valor simbólico de mil pesos en la librería de la universidad, y en las ferias del libro. Los mil pesos son un precio representativo que no deja nada porque, como bien lo explica Méndez Camacho, «la poesía es un propio valor que no tiene precio; la poesía ni se compra ni se vende».

A los poetas se les entregan sus derechos a modo de un generoso número de ejemplares, cosa que no pasa con la mayoría de publicaciones. La lista de poetas publicados es tan variopinta como las especies florares del campus universitario: 13 mujeres y 42 hombres, de origen paisa, bogotano, costeño, valluno, tolimense, nariñense y quindiano. Cuatro de ellos son extranjeros de Perú, Argentina, Venezuela y Uruguay y 16 son poetas fallecidos. Es decir, un escenario de voces distintas, unidas sólo por la buena literatura.

Distintas generaciones, pues, transitan por este universo de palabras. Desde modernistas, como José Asunción Silva hasta posmodernistas como el gran Tuerto López, pasando por vanguardistas como César Vallejo y Luis Vidales y las voces arraigadas de Eugenio Montejo y Juan Manuel Roca o las más jóvenes de Andrea Cote (ya reconocida internacionalmente) y John Galán Casanova.

Clara Mercedes Arango, directora de Extensión Cultural de la Universidad, explica la razón de esta iniciativa.

Publicamos por ejemplo a los nuevos poetas que, con haberse ganado un importante concurso antes, tan sólo adquirieron un par de copias de su libro… publicamos a los virtuosos, a los veteranos y a todo aquel que con honor lleve el título de poeta…

Y no cesa la expansión. Ya se encuentran en la red, vuelan por casi toda Latinoamérica, y están en conversaciones con Catalina Ramírez Vallejo, Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte para, con su ayuda, ‘colarse’ en parques y estaciones de bus, aprovechando la experiencia y la red de distribución de Libro al viento, un verdadero ejemplo en publicaciones culturales gratuitas. Que la poesía viaje como se viaja con la poesía. Que sólo la poesía rompa el silencio de los árboles que cosechan pájaros en lugar de frutos, como dice el poeta Méndez Camacho en Escrito en la espalda de un árbol.

Y es que hasta en la edición de estos pequeños libros se refleja el amor por la naturaleza: el papel empleado en su impresión no está hecho de árboles muertos sino de bagazo de caña, un subproducto de la elaboración del azúcar. Así que tan sólo al sostener un Libro por centavos entre los dedos, se siente la dulzura y empieza la poesía.