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Carta a los habitantes de Bogotá del año 2110

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A propósito de la celebración del Bicentenario de la Independencia y de la urna que será sellada este año para ser abierta en un siglo, esta es una carta dirigida a nuestras futuras generaciones.

¡Hola, parceros!* ¿qué tal?:

Desde el mirador del cerro de Guadalupe, a 3.317 metros sobre el nivel del mar, he empezado a escribir estas líneas. Hoy es domingo y mientras muchos hacen locha* en sus hogares, otros han salido a la ciclovía. Cerca de 1.300.000 personas se toman los domingos las vías de la ciudad para montar en bicicleta, patinar, trotar o hacer ejercicios. Atendiendo el llamado de la fe, otros asisten a misa en alguna de las numerosas iglesias de la capital. Las más visitadas: la del Divino Niño Jesús, en el 20 de Julio y, como ha sido siempre en los últimos cuatros siglos, el Santuario de Monserrate, cuyo camino peatonal se encuentra cerrado desde hace un año por labores de adecuación.

Actualmente somos 7.341.752 bogotanos. Desde este mirador todavía se contempla el verde de nuestros cerros y se divisa una metrópoli que se expande por todo el horizonte. La ciudad está en una plena y positiva transformación: se adelanta la fase III de Transmilenio, que pondrá a circular los modernos buses articulados por la carrera Décima y la avenida El Dorado. El aeropuerto está en remodelación y estamos próximos a inaugurar una nueva Biblioteca, la más grande de Latinoamérica.

Desde acá también se divisa el eje ambiental de la avenida Jiménez, obra del arquitecto Rogelio Salmona, que sacó a relucir nuevamente las aguas del río San Francisco y que se ha convertido en símbolo de renovación del Centro. Más al norte se observa el estadio El Campín, sede de nuestros equipos de fútbol Santa Fe y Millonarios, que tienen a sus hinchadas sedientas de triunfo desde hace décadas. Este escenario se alista para una transformación con motivo del Mundial Juvenil de Fútbol 2011, que se realizará en Colombia. Siguiendo con las obras, hace poco se reinauguró el teatro Jorge Eliécer Gaitán, que fue reforzado estructuralmente en caso de un terremoto. Precisamente en Bogotá se prevé, desde hace algunos años, un sismo de gran magnitud: por esa razón se adelantan campañas y simulacros de evacuación para estar siempre con los pies en la Tierra.

Somos una ciudad diversa y rica culturalmente. Fuimos ‘Capital Mundial del Libro 2007’, ganamos el premio León de Oro de la Bienal de Arquitectura de Venecia (Italia) y fuimos ‘Capital Iberoamericana de la Cultura’. Cada dos años celebramos el Festival Iberoamericano de Teatro, uno de los más importantes del mundo, al que asisten casi cuatro millones de personas. Vibramos con el Festival Rock al Parque, que congrega anualmente a más de 300 mil jóvenes. Nos gusta la salsa, la ópera, el hip-hop, el vallenato y, además de Juanes y Shakira, nuestras estrellas del momento, Bogotá es sitio obligado para las giras internacionales de grandes agrupaciones como Coldplay, Metallica y Guns N’Roses.

A nivel social, somos líderes en programas de educación y salud. En la Bogotá de 2010, la educación es gratis para 650 mil estudiantes desde el grado cero hasta 11. Hay gratuidad en servicios en salud para menores de 5 años, adultos mayores y población con discapacidad de bajos estratos. Además, 250 mil personas de escasos recursos asisten gratis a comedores comunitarios.

Beneficios que también se extienden a la cultura: los últimos domingos de mes, los museos abren sus puertas gratis, disfrutamos de grandes festivales como el de Verano, sin gastar mucho dinero, y podemos leer libros gratis gracias a un exitoso programa llamado Libro al Viento, que puso a volar millones de obras por parques, plazas de mercado y estaciones de TransMilenio.

En el tema de movilidad, aspiramos a tener en 2016 la primera línea del Metro. Hay pico y placa para los autos particulares, medida que obliga a los bogotanos a dejar su carro guardado dos de los cinco días hábiles de la semana. Tenemos 354 kilómetros de ciclorutas, que nos han posicionado como la tercera ciudad del mundo más amigable con el ciclista.

No vivimos en una ciudad fría como la de 1910: hoy, por efectos del calentamiento global, se registran temperaturas de hasta 25 grados, algo que desconcierta a los miles de turistas que cada vez llegan en mayor número, atraídos por el Museo del Oro o el tradicional barrio La Candelaria.

Nos gusta comer bien. Desde el ajiaco hasta el puchero santafereño, pasando por lo mejor de la comida colombiana e internacional. Pero si se trata de comida rápida, nos gustan las hamburguesas que se consiguen en cualquier esquina y en carritos que deambulan con altoparlantes que pregonan «¿A cómo?... ¡A mil pesos!».

También hay buenos cafés en los que nos congregamos al caer la tarde. En resumidas cuentas, vivimos en una metrópoli que ve el futuro con optimismo. Una ciudad que cumple nuestros sueños y aspiraciones, a la cual —según recientes encuestas— un 61% quiere incondicionalmente. Avanzamos con paso firme y por esta razón es frecuente escuchar que vivir en Bogotá es y será siempre «lo máximo».

Un atento saludo,
Fredy Ávila
(Bogotá, mayo de 2010. Léxico Bogotano de 2010.
*Parceros: Amigos. *Locha: Pereza)

Foto Urna: Carlos Mario Lema