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El mundo gira al ritmo de un balón

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Los oficinistas levantan repetidamente la cabeza para ver el partido mientras teclean de memoria en sus computadores; los mensajeros detienen su marcha y se quedan un rato frente a una vitrina observando la repetición de un gol; los taxistas se estacionan en una bahía para escuchar los últimos minutos de un juego decisivo. Sólo el Mundial de Fútbol logra semejante empresa: hacer que el mundo marche más despacio.

A partir de próximo 11 de junio, cuando el árbitro pite y el balón empiece a rodar sobre el césped del estadio de Johannesburgo, comenzará el Mundial de Sudáfrica 2010. Desde ese instante, por un mes, el fútbol no sólo se hará sentir en todos los rincones, sino que despertará la pasión en todo el planeta. La afición por este deporte no ha dejado de crecer desde aquel lejano año de 1930, cuando se jugó el primer mundial en Uruguay. En un mundo cada más frenético y tecnificado, el fútbol, que sólo exige un prado y una pelota, sigue siendo el juego más popular de todos.

¿A qué se debe tanta popularidad? Quizás la respuesta a la pregunta la haya dado el Nobel de literatura argelino Albert Camus, cuando afirmó: «Lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol». Y es que en la cancha se concentran y se desnudan las más variadas conductas y emociones humanas: la justicia, la lealtad, la simulación, el heroísmo, el respeto, la alegría y la derrota. Muchas barreras se derrumban cuando dos naciones radicalmente distintas saltan a la cancha: murallas de idioma, raciales, económicas, religiosas, etc. En el campo de juego, los veintidós jugadores se rigen bajo un mismo lenguaje. Ningún deporte ha despertado un fanatismo tan apasionado. En las páginas memorables de la historia del fútbol brilla aquella final del Mundial de 1950, cuando Uruguay derrotó a Brasil en el estadio Maracaná de Río de Janeiro. Aquel día, los brasileños lloraron como nunca. La tristeza invadió a todo el país. Incluso hubo quienes se suicidaron. Fue un día tan doloroso, que el entonces capitán de la selección uruguaya, Obdulio Varela, confesó que después de ver semejante desolación se sintió triste por haber ganado.

Para millones de personas, el domingo es sinónimo de fútbol. Es el día en que se desconectan de sus responsabilidades, se ponen la camiseta de su equipo y se van al estadio; o encienden el televisor y, entre amigos, se abandonan al placer de ver un partido de fútbol mientras recitan de memoria alineaciones de equipos memorables, y recuerdan las jugadas de sus grandes ídolos o un gol inolvidable. En el fondo, quizás lo que hace que queramos tanto el fútbol es que nos llena de recuerdos inmortales. Nos ofrece gratas sorpresas o nos arrebata lo que creíamos ganado.

Nos conmueve, nos emociona hasta el límite y por eso nos hace sentir más vivos. En los mundiales se dan cita las más variadas expresiones culturales. Se cuentan por cientos los estudios sociológicos y antropológicos que se centran en lo que ocurre en el fútbol de la cancha hacia afuera. Porque el fútbol, además de los jugadores, concentra fanáticos, periodistas y un comercio que mueve cifras astronómicas. Es tal el poder que genera este deporte, que Joseph Blatter, presidente de la FIFA, es considerado uno de los hombres más influyentes del mundo. Pero a pesar del mercadeo y del dinero, el fútbol sigue siendo, en esencia, el mismo de siempre. A la hora de la verdad, en el campo de juego sólo están los jugadores que, como bien dijo el novelista Jean Giradoux, «le dan a la pelota el motor de once malicias y once imaginaciones».

Por primera vez, África organizará un Mundial. No fue fácil para Sudáfrica construir unas instalaciones que cumplieran con los estándares que exige la FIFA. Pero al fin lo logró. Esperamos que la organización sea todo un éxito. No cabe duda de que el Mundial le representará a Sudáfrica grandes beneficios turísticos, comerciales, de infraestructura deportiva, etc.

El próximo año, Colombia organizará el Campeonato Mundial Sub-20. Será una gran oportunidad para mostrar que, en nuestro país, y en nuestra pujante Bogotá, se pueden realizar eventos de primer nivel. Estamos preparándonos para deslumbrar al mundo con un torneo de gran categoría.