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Engativá o la fuerza cultural de sus barrios

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Otty Patiño
Observatorio de Culturas

Nos costó trabajo encontrar la Casa de la Cultura de Engativá, porque las direcciones no son muy lógicas en ese sector. «Así le pasa a mucha gente», nos informa Erika Amorocho, actual gestora cultural, lo cual es reafirmado por Camilo Bogotá, profesional de apoyo para la gestión cultural de la localidad.

«No hay un centro de la localidad: Engativá, igual que Fontibón, Suba, Usme, Usaquén y Bosa, era antes un municipio cundinamarqués que fue anexado al distrito especial de Bogotá. Pero, a diferencia de los otros, no fue reconocido el antiguo pueblo como el sector fundacional de la localidad », nos dice don Carlos Arturo Solano, director y representante legal de la Casa de la Cultura. Este despojo lesionó gravemente la historia y la tradición de Engativá.

Sin embargo, pese a ese proceso de aculturación y, según los resultados de la Encuesta Bienal de Culturas 2009 —la pregunta 1.3. (Bogotá está dividida en 20 localidades. Dígame ¿cuál es el nombre de esta localidad?)—, se pudo comparar las respuestas con la realidad consignada previamente en cada formulario aplicado. Los resultados fueron sorprendentes, ya que la localidad con mayor reconocimiento por parte de sus residentes fue la de Engativá (98,72%), seis puntos porcentuales por encima del promedio de Bogotá (92,25%).

La Casa de la Cultura de Engativá se inició desde 1985, cuando la comunidad empezó a buscar un espacio de identidad local que sirviera como centro de formación y divulgación artística. En 1994, esta idea se consolidó con la compra de un lote y la construcción de una edificación de tres pisos. Además de salones para enseñanza artística, cuenta con un auditorio bautizado con el nombre de Juan Fernando Echavarría, para honrar la memoria de un importante músico de la localidad que dedicó su vida al cultivo de la música popular colombiana.

Erika, la gestora cultural, nos dice que la localidad se caracteriza por la gran cantidad de organizaciones que existen y que el reto del Equipo Local de Cultura es fortalecer esas organizaciones ya que son muy informales y por esto no pueden lograr la financiación de sus proyectos. El barrio de Florida Blanca es uno de los ejemplos: además de celebrar una Bienal de Arte, cuenta con un grupo de teatro llamado Entepola, que se financia con una propuesta alternativa de trueque artístico, es decir, cambian obras teatrales por arroz o colchones para su comunidad.

«Lo que caracteriza a Engativá es su fuerte organización barrial», nos dice don Néstor Camilo Garzón. Don Néstor hace parte de la Fundación Memoria, Entidad y Territorio, empeñada en reconstruir la historia de la localidad a través de la historia de sus barrios. Con el apoyo del Instituto Distrital del Patrimonio Cultural, ellos han realizado algunos recorridos patrimoniales. Según don Néstor, la fuerza de la localidad está en sus barrios tradicionales como el Garcés Navas, el Quirigua, las Ferias —que tiene una de las más tradicionales plazas de mercado de la ciudad— o el Minuto de Dios, que se construyó como una ciudadela, tiene una importante universidad y también un Museo de Arte Contemporáneo.

Engativá también cuenta con un patrimonio natural variado y rico: los humedales de Juan Amarillo, Santa María del Lago y Jaboque, el parque La Florida y el Jardín Botánico. Al igual que el humedal de Santa María del Lago, el de Jaboque fue recuperado gracias a una gestión popular. «Jaboque significa ‘ojo de agua’», nos explica María Nelly Nieves, coordinadora pedagógica de la Fundación Humedal Jaboque, que cuenta con el apoyo de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá. «La Fundación realizó en el 2004 el Carnaval de Jaboque, en el que cada colegio de la localidad debía hacer una comparsa con el tema del humedal», dice ella. Alrededor del humedal fue construida una ciclorruta. «Aunque una ciclorruta no es lo ideal para la preservación de los humedales, por lo menos ella detuvo el proceso de invasión de los urbanizadores piratas que, a base de rellenos, se han ido comiendo los humedales», nos comenta María Nelly.

Esta fortaleza barrial se puede ejemplificar en procesos de autogestión como la pequeña pero muy activa biblioteca comunitaria del barrio Luís Carlos Galán Sarmiento, que en sus inicios fue un barrio de invasión, y ahora tiene una fuerte identidad barrial. Nubia Díaz, consejera por las bibliotecas comunitarias al Consejo Local de Cultura, nos comenta: «aquí se trabaja con las uñas y con el corazón».

Este proceso ha sido apoyado por Fundalectura y desde las ferias itinerantes de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, con el programa de formación de gestores de lectura. «Por ahora la idea es buscar una sede más amplia —dice ella—. Contamos con el apoyo de la Junta de Acción Comunal, que paga el arriendo de la sede». Tal vez sea esa fuerza barrial la que hace que sus habitantes, a pesar de la enrevesada nomenclatura y la pérdida del centro histórico, tengan el más alto reconocimiento de su localidad.

(Para la elaboración de este artículo se contó con la valiosa colaboración de Giovanna Torres, antropóloga, asesora del Observatorio de Culturas)