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Sobre José Celestino Mutis, la constelación botánica formada por sacerdotes, y el Jardín Botánico de Bogotá

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Por Alejandro Arciniegas Alzate
 

 
Mutisia Clematis clasificada por Linneo, hijo,
en dibujo de Salvador Rizo, quién hizo que el tall o formara la M de Mutis.
 

El grito de independencia que habría de encender la revolución americana apagó a una vez la llama del Instituto Botánico que con tanto celo fundara José Celestino Mutis, con mucho el cerebro de mayor quilate de cuantos fijaron su residencia en el Virreinato de la Nueva Granada. Es moneda aceptada entre nosotros que cualquier comentario acerca de la Real Expedición Botánica deba empezar por reconocer los empeños sin cuenta de la Corona española para hacer progresar todas las ciencias en estas tierras de América.

Sí: hubo una España imperialista y violenta, pero no todo fue negro. Juan Gustavo Cobo Borda se descuelga de ese prejuicio de un modo más elegante, para discurrir sobre «Colombia y sus relaciones fructíferas con España»: introducción que supone un relativo ajuste de cuentas con tantos autores que han retratado a los españoles como una piara usurera que solamente esquilmaba a la Colonia. A propósito, el barón Alexander von Humboldt escribía en su Ensayo político sobre Nueva España:

Ningún gobierno europeo ha sacrificado sumas tan considerables como las que ha invertido el español para fomentar el conocimiento de los vegetales. Tres expediciones botánicas, a saber: la del Perú, Nueva Granada y Nueva España, dirigidas por los señores Ruiz y Pabón, don José Celestino Mutis y Sesé y Moziño, han costado al tesoro al pie de cuatrocientos mil pesos.

Mutis fue precursor de la emancipación colombiana. No adiestró a nadie en la fabricación de explosivos. No enseñó cómo se empuña un fusil. Pero la reforma educativa que impulsó en el Colegio Mayor del Rosario inauguró las ciencias modernas (las de entonces) en la Nueva Granada. Movimientos sociales anteriores a 1810 habían conmovido ya el orden del Reino: esclavos, criollos, mestizos y «europeos de orilla» se amotinaron por diferentes motivos en contra del régimen durante el siglo XVIII. Sobraban a todos buenas razones. Faltaban, en cambio, recursos intelectuales que ennoblecieran sus fines para fundar la República.

Así como los próceres colombianos se fortalecieron en las ideas francesas y la independencia de Estados Unidos sirvió de modelo para emprender la del resto de América, toda una generación de jóvenes granadinos fue engrandecida por las enseñanzas de Mutis. Difundió entre nosotros el sistema heliocéntrico de Copérnico y los principios del universo según Isaac Newton. Prohijó a hombres tan importantes como Francisco José de Caldas, ese genio solitario que fabricaba gnómones* con relojes, tornillos y diomate, una madera muy fina y compacta; a Jorge Tadeo Lozano, incorporado a la Expedición zoológica y a quien acompañó en la Sociedad Patriótica de Amigos del País: sí, Mutis también era estadista.

Dotó a la ciudad con el primer observatorio astronómico. Presentó planes para la explotación del petróleo, ideas para ordenar la navegación en el Magdalena y preservar las riberas del río que tanta depredación han sufrido. En 1805 redactó en compañía del profesor Miguel de la Isla su Plan general de los estudios médicos, en que ya proponía la universidad pública, el sistema newtoniano y la difusión masiva de todas las ciencias. Con esclarecida justeza López de Mesa lo llamó «primer prócer de América».

La geografía que hoy ocupa a unas pocas almas sensibles era en aquel tiempo instrumento con que medían los sabios cuán ilustrado era un pueblo. Gobierno, comercio y agricultura se beneficiaban en grande con los progresos cumplidos en las ciencias naturales. El Jardín Botánico José Celestino Mutis trabaja para mantener vivo el legado de Mutis. Fundado en 1955, es hoy lugar predilecto de los bogotanos, quienes asisten allí para leer a la sombra de un árbol, participar en foros académicos, exposiciones de arte o simplemente a pasearse.

Hoy cuando se ha puesto de moda entre los intelectuales denostar a la Iglesia, conviene ofrecerle una pequeña defensa. Desde la antigüedad, fueron los monjes quienes guardaron, tradujeron y aseguraron la transmisión de los libros helénicos. Iguales servicios prestaron a la gastronomía y la música. Estamos en pleno siglo XXI. Todos los estados modernos han proclamado sus constituciones políticas y los países occidentales son en su mayoría por fin laicos. ¡Es tan fácil hablar mal del clero! No, eso no significa coraje. ¡Coraje el de Mutis!, dar carpetazo a la iglesia de un virreinato católico; levantar su voz contra la Escolástica, para afirmar que la tierra giraba en torno del sol y debía situarse entre los planetas. También Mutis tomaría los hábitos en 1772. ¿Había entrevisto este sabio una razón en la idea de Dios? ¿O acaso comprendía, tardíamente, que ninguna otra vida favorece tanto como la monacal las rutinas de estudio?

El fundador del jardín botánico que continúa su obra, Enrique Pérez Arbeláez, fue sacerdote. También Lorenzo Uribe y Pedro Ortiz Valdivieso, el más reputado experto en orquídeas (especies) que tiene Colombia.

Aquel primer discurso de Mutis en favor de la ciencia, impartido en su cátedra del Colegio Mayor del Rosario la célebre tarde del 13 de marzo de 1762, aún tiene eco gracias a ellos.

* Gnomon: aparato de astronomía para medir el acimut y altura del sol.