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José Celestino Mutis: precursor de precursores

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Por Guillermo Angulo

Cuando José Celestino Mutis desembarcó del velero Castilla en Cartagena de Indias traía como bagaje la ciencia y la cultura. Educado en el Iluminismo, ya desde España se había distinguido por ser un estudioso de las distintas ciencias, tal como lo documenta un estupendo libro editado por la Universidad Javeriana, al cuidado entre otros de Pedro Ortiz Valdivieso, y cuyo título es Filosofía natural mutisiana. Mutis había nacido en Cádiz en 1732, de padre librero, y allí hizo sus primeras letras. Estudió medicina en la Universidad de Sevilla y otra vez en Cádiz hizo estudios de física, química y botánica, que profundizó en Madrid en el Real Jardín Botánico, mientras formaba parte —a los 26 años— del grupo de médicos del rey.

Vino a la Nueva Granada como médico personal del virrey Pedro Messía de la Cerda y desde su arribo empezó a transmitir conocimientos, principalmente de medicina, botánica, filosofía, astronomía, filología, zoología, mineralogía y matemáticas. En una famosa conferencia, en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, difundió la teoría heliocéntrica y el pensamiento de Newton, lo que le valió un juicio (del que salió incólume), del Santo Oficio. Mientras tanto, dirigía la Expedición Botánica y promovía la construcción del Observatorio Astronómico, el primero de América, que sobrevivió a los desmanes de los soldados de Bolívar.

Y si en el título decimos que Mutis fue el «precursor de los precursores», estamos sólo parafraseando el pensamiento de Luis López de Mesa, quien lo llamó «el primer prócer de la Independencia ». Creemos que toda esa difusión de la ciencia, del avanzado pensamiento de la lejana Europa, fue formando a nuestros intelectuales, que más tarde promovieron la liberación. No debe ser casual que al menos cinco precursores de la Independencia salieran de la Expedición Botánica (1783-1816):

Francisco José de Caldas
En la Expedición le asignaron estudios y recolecciones en el norte de lo que hoy es Ecuador. Cuando Mutis dejó un testamento nombrando director de la Expedición a su sobrino, Sinforoso, el sabio Caldas lo criticó diciendo que no tenía los conocimientos necesarios para tan alta tarea.
El 28 de octubre de 1816, el mal llamado Pacificador, Pablo Morillo, ordenó que lo fusilaran de forma degradante, por la espalda, en la plazuela de San Francisco. Cuando su familia pidió que no lo ejecutaran, el general Morillo contestó con soberbia: «España no necesita de sabios». Respuesta que refleja el talante militar español porque, 126 años más tarde, durante la Guerra Civil, hubo en la Universidad de Salamanca un encuentro entre la inteligencia y la fuerza bruta cuando el general falangista, José Millán Astray, interrumpió al rector de la universidad, el escritor Miguel de Unamuno, gritando: ¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte!

Entre los falangistas hubo un murmullo de aceptación a estas palabras, al que Unamuno respondió diciendo:

Este es el templo del intelecto y yo soy su gran sacerdote. Son ustedes los que profanan su sagrado recinto. Ustedes vencerán porque poseen fuerza bruta en abundancia. Pero no convencerán. Porque para convencer es necesario persuadir.

Jorge Tadeo Lozano
Filósofo, médico, literato, militar y zoólogo, era el encargado de la importante sección zoológica de la Expedición Botánica. Después del grito de Independencia, cuando fue derrocado como presidente de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, se encerró en su casa, donde se dedicó al estudio de la ciencia. De allí lo sacó Morillo y lo mandó fusilar.

José María Carbonell, El chispero
Su entusiasmo durante el 20 de julio, moviendo masas y arengándolas, le valió el apodo de El chispero. Dicen que ejercía «un trabajo menor» en la Expedición Botánica. Al contrario, digo yo, importantísimo: era amanuense. Por sus manos pasaba todo lo que se debía conservar en forma escrita. Mientras trabajaba con Sinforoso, le tocó copiar (y recopiar, por las correcciones) la obra de Mutis publicada póstumamente: Historia de los árboles de la quina. Imagínense en el mundo de hoy que alguien diga que el programa Word no es importante. De él dice Indalecio Liévano Aguirre, en Los grandes conflictos socio-económicos de nuestra historia:

El verdadero prócer del 20 de julio [fue] José María Carbonell, a quien nuestra historia oficial ha tratado de arrinconar en los modestos desvanes que se reservan para los personajes de secundaria importancia.

Siempre por orden del cruel Morillo, Carbonell fue ahorcado en la llamada Huerta de Jaime, el 19 de junio de 1816.
Sinforoso se volvió independentista y apenas fue extraditado. Otro miembro más de la Expedición también fusilado fue Salvador Rizo, autor de las más estupendas láminas. La gran contradicción de Morillo es que mientras por un lado ponía a salvo la invaluable colección de iconos de la obra de Mutis (que aun hoy se conservan en el Real Jardín Botánico de Madrid) mandaba fusilar a los miembros de la Expedición Botánica. Tal vez intuyó que de esa obra magna había salido la insurrección.