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Veinte años de una apuesta por la paz

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Por Otty Patiño
Observatorio de Culturas

Quien quiera estudiar la historia de Colombia deberá entender el conjunto de los episodios acaecidos en 1990, como el nacimiento de una nueva situación que marcaría, de allí en adelante y por un largo período, el comportamiento y destino de todas las fuerzas nacionales. Guerras inútiles, una historia de las FARC
Corporación Observatorio para la Paz Intermedio Editores
 



El 9 de marzo se cumplen veinte años de una apuesta por la paz en Colombia. Mediante el acuerdo firmado entre el Gobierno Nacional, presidido por Virgilio Barco, y el M19, comandado por Carlos Pizarro, Colombia emprendió un camino de entendimiento que abrió las puertas para la discusión, elaboración y adopción de una nueva carta política: la Constitución de 1991. No fue un camino fácil, ni solemne, ni tranquilo. Recuerdo todavía esa mañana cuando, ya desarmados, bajamos desde Santo Domingo, un caserío situado en la parte alta del municipio de Toribío, en el departamento del Cauca, lugar donde durante todo el año 1989 se habían desarrollado las conversaciones para acordar la paz. Los buses hicieron un alto en Caloto: allí se firmó el acuerdo, Pizarro pronunció un inspirado discurso y de allí seguimos para Cali, en donde se quedó buena parte de la tropa guerrillera.

Llegamos a Bogotá en varios buses: muchos de los ex guerrilleros tenían como destino final otras ciudades del país, pero hubieron de pernoctar en la capital. Al otro día se celebraban elecciones para concejos, asambleas, alcaldías, cámara y senado. Además, había dos papeletas más: una para que los liberales decidieran quién debía ser su candidato para presidente y una séptima para que los colombianos demostraran su acuerdo con la convocatoria a una asamblea constituyente. Este movimiento de la ‘séptima papeleta’ fue promovido por jóvenes estudiantes universitarios, que simpatizaban con el proceso de paz que adelantaba el gobierno de Barco con la guerrilla del M19 y con un cambio institucional del país. El M19 había surgido como protesta armada por un robo electoral que se produjo el 19 de abril de 1970, cuando el general Gustavo Rojas Pinilla ganó las elecciones en las urnas y las perdió en los escrutinios. Ese 10 de marzo de 1990 fue la última vez que los colombianos votaron con papeletas: era un sistema que se prestaba para muchos fraudes, y uno de los primeros acuerdos que logró el M19 fue lo del tarjetón electoral como una manera de evitar las trampas electorales.

Muchos de los guerrilleros que llegaron a Bogotá iban indocumentados, y el 11 de marzo me tocó firmarles un papelito provisional que me había proporcionado el Gobierno para despacharlos por flota a sus lugares, y evitar que fuesen retenidos en las carreteras. Pero esa noche del 9 fueron albergados por gentes humildes en una urbanización de casas de interés social en el barrio Corinto; al otro día salieron a acompañar a nuestros candidatos en el primer proceso electoral, y muchos de ellos extraviaron su regreso y fueron apareciendo sudorosos y hambrientos en los días subsiguientes. Era una paz precaria, con mucho de improvisación, sólo posible por las ganas populares de parar la guerra, por la oportunidad que se abrió ese año de ampliar la estrecha democracia colombiana y por la prodigiosa visión de Carlos Pizarro. A Pizarro lo asesinaron al mes siguiente, exactamente el 26 de abril, siendo candidato presidencial y dentro de un avión que se dirigía a Barranquilla. Pero el M19 ya estaba jugado a la paz y le rindió homenaje a su líder mediante un entierro pacífico y multitudinario.

Durante el sepelio de Pizarro, la fuerza pública no tuvo trabajo: los policías vieron asombrados a una multitud que no lanzó una sola piedra ni un solo insulto, en su recorrido desde la Plaza de Bolívar hasta el Cementerio Central. Cuando pasamos por la Quinta de Bolívar, Germán Rojas, uno de los ex comandantes del M19, pronunció un discurso para que Antonio Navarro asumiera la candidatura presidencial y recogiera las banderas del cambio pacífico. Con esa perseverancia en la paz, en ese momento derrotamos a los asesinos de Carlos. Carlos Pizarro en Santo Domingo (Toribío,Cauca), explicando el proceso de negociación del M19 y el Gobierno a los periodistas.

La dejación de armas del M19 en Santo Domingo. Meses más tarde, la Corte Suprema de Justicia aprobó la convocatoria a una Asamblea Constituyente y el 9 de diciembre de ese mismo año (1990), el pueblo colombiano, mediante el nuevo sistema del tarjetón, eligió a los dignatarios para proponer, discutir, aprobar y proclamar la nueva Carta Política de Colombia. Hoy, veinte años después, pese a las contrarreformas sufridas y pese a las ganas de acabarla que tienen algunos, desde orillas opuestas, la Constitución del 91 sigue siendo la carta de navegación de quienes le apostamos a una Colombia sin odios, integrada al mundo y donde todos los que la habitamos podamos mantener la dignidad sin necesidad de las armas.

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