LAS HISTORIAS DE JUAN GOSSAÍN
Bogotá, la niña y el abanico
Por Juan Gossaín
Stefan Zweig decía que cada ciudad conocida se convertía para él en una sola imagen. Pensando en el maestro, y en su habitación sobre la bahía de Río de Janeiro, evoco mi llegada a Bogotá, hace más de cuarenta años. Todo lo que recuerdo de ese día es la silueta una niña empapada que lloraba en una esquina bajo el aguacero bíblico de las cinco de la tarde.
Monserrate en un día de lluvia - Foto © Guillermo Angulo
Jamás había estado en aquella ciudad. Mientras empacaba mi maleta de madera, fabricada por don Andrés Morillo, el carpintero mayor de San Bernardo del Viento, mi madre me puso entre la escasa ropa un ventilador eléctrico, de mesa, hecho de plástico verde y blanco, más pequeño que grande, que le había comprado a alguna vivandera de las que traían contrabando de Panamá.
—Con tanta gente que vive ahí, mijito —dijo ella, acariciándome la cabeza, con un par de lagrimones de despedida que le corrían mejilla abajo—, en Bogotá debe hacer mucho calor.
A cualquiera le puede parecer terrible que una madre no sepa para dónde diablos es que manda a su hijo. Todavía peor es que yo, recién desempacado de la geografía del bachillerato, tampoco tuviera la menor idea del lugar para el que iba en busca de futuro y esperanza.
Empotrado en un pedestal, el ventilador sobrevivió a los estragos de varias mudanzas y algunas peloteras. Lo conservé como un trofeo merecido de la inocencia provinciana, hasta el día en que desapareció misteriosamente. He mantenido durante treinta años la fundada sospecha de que se lo llevó mi colega Javier Ayala, porque para desmontarlo se necesitaba tener el alma de un poeta extraviado en las páginas económicas de la prensa.
Nunca más he vuelto a verlos. ¿Qué habrá sido de la vida de mi ventilador inútil? La niña que lloraba, y que probablemente se había perdido de la mano de su madre entre la bruma, tendrá hoy más de cuarenta años. En Bogotá sigue lloviendo.
(A los cachacos hay que explicarles que abanico, en la costa Caribe, es lo que en el altiplano se llama ventilador)






