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BENJAMÍN VILLEGAS, EL GRAN EDITOR BOGOTANO

Versión para impresoraPor Alejandro Arciniegas Alzate

 
Benjamín Villega s, director de Villega s editores.  
   
El trabajo editorial de Benjamín Villegas se remonta al año de 1978, cuando Carlos Sanz de Santamaría le propuso reunir una obra que, bajo el título Bogotá, estructura y principales servicios públicos, englobara la historia y actividades de las empresas distritales.

Esta edición fue un resorte importante en la carrera de Villegas, pues hubo ocasión de coordinar un grupo de escritores insignes, además de realizar un plan ambicioso en toda la majestad del primer libro. Fue con relación a estas empresas como Villegas descubrió su gusto por el material gráfico: estampillas, mapas, vidrios emulsionados, fotografías, etc.

Durante 27 años fue miembro de la junta directiva de la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá, a cuya Secretaría General fue llamado por monseñor Carlos Vargas Umaña, entonces presidente de esa institución que desde 1917 se ha dedicado a elevar el nivel de vida de los capitalinos. Esta experiencia dejó en su haber conocimientos generales sobre el comportamiento de la ciudad y una sincera inquietud por la forma como el servicio público afecta la esfera privada.

En 1978 publicó también la obra ilustrada de Gonzalo Ariza, con textos de Eduardo Carranza. Este sería el primero de tantos títulos con que Villegas ha homenajeado el potencial paisajístico y arquitectónico de Bogotá. Lentamente, sus libros se han convertido en verdaderas emanaciones de sus fueros más íntimos. Estamos hablando del mejor editor de Colombia.

En la década de los ochenta, Benjamín Villegas había creado su propio sello editorial y su trabajo como sustanciador de contenidos bogotanos era ampliamente conocido. Entonces, la fundación Misión Colombia planeaba producir una enciclopedia para celebrar el aniversario número 450 de Bogotá, en 1988. Tres años bastaron a un grupo de jóvenes investigadores para documentar los tres períodos que se distribuirían en el libro.

Historia de Bogotá fue impresa en 1988, según lo previsto. El tiraje se agotó rápidamente, pero no fue reeditado nunca antes de 2008, cuando el alcalde Lucho Garzón, consciente de su alcance bibliográfico, encargó revisar el contenido y hacer progresar hasta la fecha el tomo correspondiente al siglo XX, donde incluso ya figura el alcalde electo, Samuel Moreno Rojas.

Los premios a la obra de Villegas Editores no se hicieron esperar. Son demasiados para comprometerse con un inventario: dos Premios Mejor Diseño de Libro del Mundo, 59 Premios Libro Latino, dos Premios Mejor Libro de Arte Impreso en Asia, tres Premios Asociación Americana del Libro y uno al Mejor Libro de Divulgación Cultural, Quinto Centenario de España, entre otros.

El texto Bogotá 360° expresa bien su sensibilidad como director. Villegas se hizo fabricar una cámara que gira sobre el eje, para captar panorámicas de 360 grados y —mediante un diafragma flexible— adecuar en perspectiva los espacios interiores según el formato. El rico catálogo en línea de Villegas Editores destaca esta obra como «un reflejo multifacético» de los hitos más preciados de la ciudad. Villegas estableció los 46 monumentos que, en su opinión, representan el alma de Bogotá, fotografiados por Cristóbal von Rothkirch y salpimentados con textos de Enrique Santos Molano.

 
Los libros Historia de Bogotá, siglo XX publicado por Villega s Editores  
   

Es riguroso en todo cuanto proyecta. Paradójicamente, a medida que crecen las empresas mayores que se reparten el negocio librero, más campo le hacen a su editorial. Porque las suyas no son obras de leer y tirar. Villegas conforma nuevos equipos por cada nuevo trabajo que dirige y publica: escritores, cartógrafos, ilustradores, pintores y fotógrafos se avienen a trabajar con esmero, porque entienden mejor que nadie que su pieza está en buenas manos y no sufrirá mutilaciones odiosas. Antes bien, será enriquecida en toda su extensión.

Equilibrar tipografía e imagen supone redefinir los cánones del diseño habitual. Porque la doble página sin margen del libro desafía el ordenamiento cuadricular a que comúnmente obedecen, por ejemplo, las coordenadas de un óleo. En palabras de Henri Matisse: «El problema era, entonces, balancear ambas páginas —una blanca para el grabado, una relativamente negra para el material tipográfico—. Obtuve un resultado al modificar mi arabesco, de modo que la atención se dirigiera a la página blanca, con la promesa de volver sobre el texto».

Benjamín Villegas conoce a fondo el oficio. Su formación y experiencia le permiten fijarse una vara tan alta. En conexión con sus homólogos extranjeros, afirma haber aprendido de los japoneses su cuidado de los materiales; de los italianos su apreciación del color, y de los estadounidenses, como diría lord Chesterfield: un par de virtudes comerciales.

Este bogotano de corazón nos merece únicamente palabras laudatorias.