La guerra [gramatical]
de los sexos
Texto y Fotos de Guillermo Angulo
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La que antes se llamaba guerra de los
sexos ha reaparecido ondeando la
bandera blanca de lo políticamente
correcto, que sirve de tranquilizante
y que parece eximir de tomar acciones
que políticamente (y de verdad)
sean correctas. Yo admiro a quienes
se están tomando el trabajo de alargar
todo innecesariamente —volviendo
sus textos, de paso, ilegibles—
y cierran tranquilamente los ojos ante
la evidencia gramatical de que cuando
se dice niños se están incluyendo
también a las niñas, y que la historia
del hombre es también la historia de
la mujer. Si queremos defender el
idioma de esos adefesios, debemos
rechazar esas llamadas posturas correctas.
Una primera dama española,
por ejemplo, se estaba ahogando no
en un vaso de agua sino en una botella
cuando, al calor de una improvisación,
se refirió a los jóvenes y las
jóvenas. Tal vez políticamente correcto,
pero idiomáticamente desastroso.
El gran oso en esta guerra lo van
ganado las españolas, a las que les dio
por escribir person@s tod@s amig@s,
con la vana esperanza de que alguien
se trague el infundio de que el signo
arroba (rescatado de la basura por los gringos porque prácticamente nadie
lo usaba) pueda engañar a alguien
haciéndole creer que es un injerto entre
la o y la a. El gracioso símbolo —
que en inglés se llama at y en español
arroba [@]— únicamente se debe usar
en las direcciones electrónicas de los
E-milios, para evitar confusiones.
Ya los gringos han logrado dislocar
su idioma, cambiando palabras enraizadas
como chairman o camera-man,
por chairperson y cameraperson, para
darle un
aspecto neutral a estos
sustantivos, sacándole de paso el
cuerpo a las palabras terminadas en
man, sólo porque en inglés significa
hombre, aunque suele designar a
ambos sexos.
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Pero, guerra es guerra…
En esta batalla las
mujeres no se
han mostrado muy congruentes: hay
una palabra creada específicamente
para ellas: poetisa. Pero muchas se
ofenden si no las llaman con la usada
para referirse a los hombres que escriben
poesía: poeta. Como si consideraran
que los hombres escriben
mejores poemas que las mujeres, lo
que no es necesariamente cierto. O
adoptan como femenino el masculinísimo
nombre italiano Andrea, que
significa Andrés (les aseguro que el
almirante genovés Andrea Doria era
hombre, y que nunca se puso falda),
simplemente porque —al igual que
poeta, masculino— Andrea termina
en a. Moraleja: desde el punto de vista
genérico hay que desconfiar de las
vocales y apoyarse en los artículos
que, en este caso, se vuelven de primera
necesidad.
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Si yo, como mecánico aficionado, quisiera
embarcarme en la insensatez de
las palabras políticamente correctas
(se ve que yo soy políticamente incorrecto)
me tropezaría con un enorme
problema aún por resolver. Uso a veces
un instrumento llamado comúnmente
hombresolo. Soledad aparte,
no sé si lo debiera llamar —siguiendo
la nueva moda— mujer-hombre-sola y-
solo.
Para deleite de nuestros lectores,
nos —aunque indignos— osamos reproducir
un trozo de un delicioso artículo,
que el filósofo católico español,
Julián Marías, publicó hace
tiempo en México y que reprodujo parcialmente en Colombia Conversaciones
desde la Soledad. Que Dios nos
perdone el atrevimiento y nos proteja
de la lluvia de piedras que probablemente
y con justicia —desde el
punto de vista de ellas— lloverá sobre
nuestra desprotegida cabeza. Aquí va
el texto, con el respectivo agradecimiento
a Santiago Mutis, su descubridor:
“Los ciudadanos españoles y las
ciudadanas españolas estamos hartos
y hartas de pedir a nuestros y a
nuestras gobernantes y gobernantas
que se ocupen de los niños y las niñas
inmigrados e inmigradas, que llegan
recién nacidos y nacidas, famélicos y
famélicas, desnudos y desnudas, sin
dónde caerse muertos y muertas.
Nuestros y nuestras políticos y políticas
se ven incapacitados e incapacitadas
para afrontar el problema, temerosos
y temerosas de que los
votantes y las votantes los y las castiguen:
el que y la que sea partidario
y partidaria de que esos niños y esas
niñas sean españoles y españolas a
todos los efectos, teme la reacción de
los y las compatriotas y compatriotos
proclives y proclivas a frenar el flujo
de extranjeros y extranjeras —sean
adultos o adultas, niños o niñas, recién
nacidos o nacidas— y amigos y
amigas de una población compuesta
por individuos e individuas autóc-tonos
y autóctonas, homogéneos y homogéneas
racialmente: los ciudadanos
y las ciudadanas, en suma, que
no creen que todos los hombres y las
mujeres son iguales o igualas.”
No nos falta sino que los hombres
se vuelvan igualitariamente intransigentes
y exijan, invocando lo políticamente
correcto y la connotación femenina
de la a, que profesiones
terminadas en a, como la de pianista
o artista, se cambian por pianisto y
artisto.
Y lo ve venir, como visionario que
es, este periodisto.