Se cumplen, el próximo 25
de septiembre, 30 años desde que el profeta Gonzalo Arango perdiera la vida en un accidente de tránsito en camino a Villa de Leiva, a la altura de Gachancipá, cuando dormitaba, cadera contra cadera, con su amada Angelita, la cabeza apoyada en la ventanilla. Un bus de transporte intermunicipal que venía en sentido contrario rozó el taxi, sin estrellarlo, y ese golpe de viento le sumió el cerebro causándole una congestión en sus pensamientos. Un kilómetro más adelante su compañera se dio cuenta de que viajaba con un cadáver. Su compañero, Eduardo Escobar, corrió a rescatarlo en una ambulancia que se varó en el camino hacia el hospital, bajo un torrencial aguacero.
Había nacido en Andes, Antioquia, en 1931. En 1957, después de leerse todos los libros prohibidos que había en la biblioteca de la Universidad de Antioquia —de la cual era el bibliotecario— y de haber tenido que marchar al exilio de Medellín por una derrota política —había pertenecido a las huestes del general derrocado— decidió crear “el Nadaísmo,” movimiento compuesto por jóvenes imberbes pero iracundos, que se negaran a continuar la vida bajo las pautas establecidas por los sistemas que dominaban el mundo, y propusieran una belleza nueva en la poesía y en general en todas las artes, a fin de sacar a Colombia de su anquilosamiento.
Después de deambular por el Chocó pasó a Cali, y allí, instalado en la oficina de su amigo el publicista Hernán Nicholls, emprendió la factura del Primer Manifiesto. Fueron meses de fragor existencial, que se cuentan hermosamente en el libro Cartas a Aguirre, publicado por Eafit. Regresó a Medellín con su engendro, consiguió un grupo de jóvenes que lo secundaran, entre ellos Alberto Escobar, Amílkar U y Humberto Navarro. Imprimieron el primer manifiesto y dieron comienzo a sus publicaciones insólitas y a los escándalos públicos, contando orgías que les granjearon una gran fama de sátiros, sabotajes que les llevaron a la cárcel de La Ladera, y un descomunal sacrilegio que les costó, además, la excomunión en grupo por el Vaticano.
El grupo tuvo dos sedes principales, Medellín y Cali, pero jóvenes de todas las regiones del país muy pronto se les sumaron. En Medellín ingresaron Eduardo Escobar, Darío Lemos, Jaime Espinel, Malmgren Restrepo, Patricia Ariza y Dina Merlini. En Cali Jotamario Arbeláez, Jaime Jaramillo Escobar, Elmo Valencia, Pedro Alcántara, Alfredo Sánchez, Diego León Giraldo, Armando Romero y Alfredo Sánchez. En Cali publicaron el suplemento literario Esquirla, que les generó solidaridades apasionadas y feroces enemistades. Se caracterizaron por la irreverencia y el humor negro. Se tomaron las páginas culturales de los periódicos nacionales y desde allí dieron a conocer su estética de lo feo y su ética de la abyecto. Posaban de guerreros con el libro rojo de Mao, pero también de monjes zen recitando sutras.
En pandilla redactaron la mayoría de los manifiestos, siendo los más detonantes el Mensaje nadaísta antiacadémico, el Manifiesto a los escribanos católicos, acompañado con una agresión física a los asistentes con bombas de asafétida y yodoformo, y el Terrible 13 Manifiesto Nadaísta. Andaban por la ciudades luciendo, 10 años antes del hippismo, sus mechas largas; las mujeres medias negras y los hombres camisas rojas.
Si Gonzalo fue la voz cantante, ha de decirse que la tropa fue la que verdaderamente dio vueltas a la revuelta. Se propusieron impulsar el consumo de la Cannabis , el canto al guerrillero heroico (ante la gesta del Che y Camilo) y el culto a las formas desaforadas del amor carnal. Confiesan que les fue mal en su empeño, pues el inicial consumo de la yerba degeneró en el narcotráfico con drogas más duras, los guerrilleros heroicos terminaron aliados con la heroína, y al desafuero sexual se le incrustó el sida.
En sus últimos 3 últimos años Gonzalo había renegado del Nadaísmo y asumido una actitud mística. Sus discípulos continuaron con el movimiento, cada uno desde su perspectiva particular. Algunos continuaron con la vagancia pura, otros incursionaron en el periodismo y la publicidad. Pero aunque algunos dejaron de escribir versos, ninguno abandonó nunca la poesía. Y la mayoría de sus obras continúa inédita.
En 1998 el Congreso de la República decretó una ley de honores a Gonzalo Arango, que contempla el funcionamiento de una casa que lleve a cabo una intensa labor artística y cultural con los presupuestos artísticos del movimiento. Para velar por el cumplimiento de esa ley los Nadaístas fundaron la Casa del Nadaísmo. Pero nada que el ministerio de Hacienda afloja el dinero necesario para ponerla a funcionar en forma. El ministerio de la Cultura les colabora tímidamente. El ministerio de Comunicaciones acogió la disposición de emitir un sello de correos con la imagen del escritor, que será un retrato que en 1969 le hizo el pintor Fernando Botero.
Muestrario de poesía Nadaista
Ruego a Nzame
Dame una palabra antigua para ir a Angbala,
con mi atado de ideas sobre la cabeza.
Quiero echarlas a ahogar al agua.
Una palabra que me sirva para volverme negro,
quedarme el día entero debajo de una palma.
Y olvidarme de todo a la orilla del agua.
Dame una palabra antigua para volver a Angbala,
la más vieja de todas, la palabra más sabia.
Una que sea tan honda, como el pez en el agua.
¡Quiero volver a Angbala!
Jaime Jaramillo Escobar
Poema de mi idiotez
Estoy desesperado porque no llueve,
porque Dios se olvidó que Darío calla si no llueve.
Estoy marihuano;
siento en el estómago alacranes y fósforos de guerra
espero suicidarme cuando acabe el cigarrillo.
Ahí va...
Voy llegando a cualquier cafisio último.
Las glándulas arreglan sus ropas para el viaje.
Voy a vivir al otro lado.
También hay cine
y la cerveza es sangre de las vírgenes.
Dios necesita un compañero loco
que le ayude a ponerse sus manoplas
y lo lleve cuando ebrio a su buharda.
Me voy en el bus del infierno.
No quiero morir sin comer mandarina
con yodo y con alambre,
sin comerme un búho asado al calor de unos brazos.
No me gusta el frente de las casas.
No me importan sus avisos de neón ni sus maridos.
Hablo con mi boca.
Fumo con mis ojos.
No quiero ver mujeres con los brazos lelos.
Cuando muera
el cigarrillo estará fumado,
esfumado.
Me duelen los kilómetros que anduve cuando viejo.
La barba está amarilla.
La luna es una aguja.
Descubrí la América.
Mi cerebro está lleno de humo y de cemento.
Estás espléndido hoy, Darío Lemos,
el mundo se mira en tu rostro de habichuela
y los helados de nevera se aman en el frío.
El cigarrillo se acabó
y yo me suicido.
Adiós maga.
Adiós muerte.
Me suicidé hace un momento
y ahora vivo conmigo y con Darío.
Darío Lemos
Mitú
A Mitú se viene a vivir,
oír cantar los arrendajos,
olvidar.
El que no venga a oír
el silencio cristalino del río,
el furor deshojado de la selva,
mejor no venga al Vaupés.
Mitú es el reino de las tempestades,
mañanas de luz sin esperanza,
aquí la vida es sol,
serenidad,
vivir entre el verde y el azul,
la eternidad.
Gonzalo Arango
Desagravio a Simone
¡Amor! Todos los días te visto y te desvisto,
veo tu ombligo, los dedos de tus pies, tu trasero.
¡Y quieres que te ame!
Sartre
Todos los días tomo tu caldo,
tu café, tu cerveza;
en tu baño me baño,
me enjabono con tu jabón,
con tu peine me peino,
seca mi cuerpo tu toalla.
Todos los días por tu teléfono
me comunico con el mundo,
con mi madre, con mi oficina.
Todos los días como la carne
que me ofreces, las ensaladas,
el arroz o los frijoles,
el pescado, las ahuyamas,
pongo música de tu estéreo,
en tu silla me siento,
veo el cielo por tu ventana.
Todos los días en ti me acuesto
y de ti me levanto y vuelvo a tu cuerpo.
¿Es posible que no te ame?