‘Toda una vida dedicada al cine' es el premio que Mincultura le ha otorgado al director y guionista caleño, Carlos Mayolo (1945). De arranques libertarios y vena irónica, que lo definen como autor excepcional, ha desbordado su personalidad en críticos documentales e irreverencias argumentales: Más dos fantásticos largometrajes: recreación de tradiciones incestuosas fusionada con mitos del terror, y puesta en escena gótica plena en personajes delirantes.
Inicialmente, entre 1969–1971, realiza tres cortos documentales sobre sitios, museos y templos tradicionales de Bogotá:
Quinta de Bolívar , Iglesia de San Ignacio y Monserrate . Sucintamente describe algunos objetos históricos o religiosos para enseguida exponer las contradicciones propias de gentes humildes en medio del fausto colonial, el desorden de las romerías y los toques marciales de la Guardia Presidencial.
¡Oiga, Vea! (71), junto a Luis Ospina, capta los Juegos Panamericanos, efectuados en estado de sitio durante la administración Pastrana Borrero. Farsa cristalizada desde la repetición del discurso presidencial, con cifras elocuentes del despilfarro gubernamental y sonidos de metralla que se alternan con la salsa bailada por soldados uniformados. También denuncia la carencia de servicios públicos y los niveles infrahumanos soportados en sus zonas marginadas.
Cali de película (72), documental del período de sobreprecio , codirigido con Ospina, en torno de sus legendarias ferias, visualizaba al diablo allí encerrado desde que erigieron el cerro de las Tres Cruces para alejarlo. Locura colectiva traducida en máscaras divertidas, cabalgatas con ron, salsa las 24 horas, toros en Cañaveralejo y desenguayabe en los pozos o piscinas del río Pance.
Cali, cálido, calidoscopio , mediometraje de Focine, que funde variados testimonios con viejas tomas de archivo alusivas a los 450 años de su fundación. Entre los recuerdos fotográficos y la frescura visual del presente; la estatua del fundador como cortinilla y las atmósferas rumberas de sus barrios populares. Reportaje callejero en tono crítico, con aquella luz y esa otra brisa que vuelven móviles semejantes paisajes urbanos.
Asunción (75), parábola sobre las decisiones extremas de una empleada doméstica; posee rigor narrativo y varios niveles de lectura. Quien vivía entre sumisa e indiferente, aprovecha ciertas circunstancias para gozar del desorden y provocar la rebelión. Cuando al abrir un enlatado se corta el dedo, exprime la sangre sobre una taza de salsa blanca que se vuelve rosada en el comedor.
La hamaca (76), según el cuento homónimo de José Félix Fuenmayor, expone el drama de la humilde mujer que ejecuta duras faenas domésticas y es seducida por un vagabundo quien encuentra en ella placer y sustento. Cruel solución para librarse del zángano: vaciar agua hervida mientras hace su siesta en una raída hamaca.
Agarrando pueblo (77), polémico mediometraje sobre las lacras del negocio montado por un ‘miserabilista' cine social. Crítica demoledora al documental oportunista de aquel entonces, que explotaba sin método antropológico a grupos tales como gamines o prostitutas; parodia de ritmo nervioso para recrear una jornada de filmación, con un director manipulador y su equipo técnico incorporado a la farsa.
Bienvenida a Londres (78), parte de un caso patético de los archivos diplomáticos: cenizas de una humilde joven que yacían bajo un escritorio del consulado en Londres, Mayolo y María Emma Mejía, exponían el desgaste soportado por ilusos compatriotas en suelo extranjero; ella enviaba postales desabridas quejándose de frialdad, soledad implacable y trabajos domésticos que sólo le dejaron amarguras.
Mayolo por Antonio Caballero
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Aquel 19 , mediometraje del 85, o el relato de una trágica historia de amor entre quinceañeros de un sector populoso. En medio de cantaletas familiares y la complicidad de sus camaradas, el drama explota sutilmente sin herir sentimentalmente al espectador ya que su anécdota está salpicada de notas tiernas o pretensiones románticas.
Carne de tu carne (83). Un primer largo, en el marco familiar de los años cincuenta, captura el aire provinciano de una sociedad tentada por algunas maldiciones de sus antepasados. Orgía de violencia en donde las pesadillas se conectan con la historia y los fantasmas se materializan en monstruos del presente. Imaginería de animales domésticos despellejados en un altar, junto a camionetas cargadas de cadáveres y roce morboso de dos medios hermanos. Extrañeza la de Mayolo–actor, cuando apunta con su carabina a un pisco (pavo).
La mansión de Araucaíma (86). Segundo y último largometraje, adapta en imágenes la novela homónima del Relato gótico de tierra caliente , escrito por Álvaro Mutis. Un viejo sibarita, la hembra que atrapa a sus amantes, el esclavo de los anteriores, un fraile atormentado, el piloto de sexualidad fantasiosa y un guardián de aspecto tosco que asume el mismo Mayolo. Son seis personajes excéntricos, encerrados en un espacio misterioso, quienes terminarán por destruirse ante la visita imprevista de una joven intrusa de visos fatídicos. Es una excelente adaptación, con cierto toque valluno.
Conclusión . Obra personal, fantasiosa y subversiva —poéticamente hablando— de un incomparable cineasta nacional que siempre nos ha demostrado ser inteligente, sensible, atrevido y con ganas de seguir diciendo o mostrando muchas más cosas. Felicitaciones y ¡adelante, Mayolo!