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Mutis y las orquídeas de Colombia
Mutisia clematis
Por Pedro Ortiz Valdivieso
Odontoglossssum luteopurpureum Lndl., en icono pintado por Francisco Villarroel. Hoy es la flor embmblemática de Bogotá.
Las primeras orquídeas colombianas que entraron al mundo científico europeo se deben al botánico holandés Nicolás José Jacquin, quien visitó Cartagena por poco tiempo y describió tres orquídeas. En 1761 llegó José Celestino Mutis a la Nueva Granada y comenzó
una nueva era para el estudio de las plantas.
Ya en su trabajo en las minas de oro y plata, se interesó Mutis por las plantas y envió mucho material
al botánico sueco Carl von Linné (castellanizado como Linneo).
Entre ellas está el famoso Telipogon nervosus enviado desde las minas de Suratá (Santander),
que Linneo interpretó como una planta de una familia muy diferente y publicó en 1767 con el nombre de Tradescantia nervosa. Mutis sí cayó en la cuenta de que se trataba de una orquídea (o, como las llamaban entonces, una «ginandra») y había propuesto
un nombre para ese género: pensaba llamarlo
Mormolycanthus (el nombre de la especie habría de ser Mormolycanthus tradescantioides), pero no llegó a publicarlo y sólo conocemos el dato por una carta que escribió a otro botánico sueco, Peter Jonas Bergius, en enero de 1786.
La Expedición Botánica se dedicó a coleccionar las plantas del territorio explorado (parte de Cundinamarca
y del Tolima) y sobre todo a hacer dibujos. Unos cuarenta pintores, en su mayoría americanos (de la Nueva Granada, de Quito, de Lima), trabajaron en la confección de las láminas, aunque no todos al mismo tiempo. El trabajo de estos pintores mereció los elogios de los naturalistas europeos. En carta a Mutis, Peter Jonas Bergius escribió: «Me admiró mucho,
al observar tus láminas, que pudieras tener en América pintores tan excelentes y aun superiores a los de Europa». Mutis logró, con suma paciencia y dedicación, formar jóvenes que apenas tenían rudimentos
de dibujo, hasta convertirlos en excelentes artistas botánicos.
Cuando estalló el movimiento independentista, los trabajos de la Expedición se vieron en serio peligro.
En diciembre de 1815 soldados de Bolívar entraron
a Santafé y destruyeron las dotaciones del Observatorio
Astronómico. Fue Sinforoso Mutis quien logró salvar del vandalismo los materiales botánicos. En 1816 llegó a Santafé «el Pacificador» Pablo Morillo y ordenó a Sinforoso Mutis empacar todo el material de la Expedición para transportarlo a Madrid, cosa que se hizo en 104 cajones. A lomo de mula el material
fue llevado a Honda, de allí a Cartagena por el río Magdalena, y luego fue embarcado para España. Llegó en 1817, para ser depositado en el Jardín Botánico
de Madrid. El inventario que hizo el director Mariano Lagasca dio 7.439 láminas. Pero se sabe que además se hicieron otras. En el herbario de Linneo se conservan 32 láminas. Y Mutis regaló a Humboldt, a su paso por Santafé, 100 láminas de las mejores de la flora.
Las dificultades económicas causadas por las guerras napoleónicas impidieron la publicación de ese material. Después de varios intentos fallidos, en 1954 se dio inicio a la publicación de las láminas de la Expedición Botánica, bajos los auspicios de los gobiernos
de España y Colombia.
La obra de la Real Expedición Botánica puede considerarse
como una de las más importantes de todos los tiempos en cuanto a iconografía botánica. Por la cantidad de material y por la excelencia del trabajo, para su tiempo hubiera sido algo monumental, si se hubiera publicado. Desafortunadamente su publicación
es muy costosa, requiere un trabajo ingente y aún llevará muchos años la culminación de esta iniciativa.
Las orquídeas de la Expedición Botánica
Un total de 367 láminas representan orquídeas. La primera identificación de las láminas fue hecha en 1881 por José Jerónimo Triana y en el siglo pasado fueron de nuevo identificadas por el botánico norteamericano
Charles Schweinfurth. Esta identificación
sirvió de base para publicar las láminas de orquídeas
a partir de 1963, con textos del colombiano Álvaro Fernández Pérez, quien alcanzó a terminar los cuatro primeros volúmenes (VII, VIII, IX y X de la colección general) y dejó bastante adelantado el material
del último tomo. Después de su muerte el 29 de marzo de 1994, me encomendaron preparar la publicación
del último tomo de orquídeas, cosa que se hizo en el año 2000 (tomo XI de la colección general). En éste se publicó una lista revisada y actualizada de las identificaciones, de acuerdo con los resultados de los estudios más recientes.
Según criterios actuales, esas láminas representan 79 géneros y 252 especies. En realidad, es muy poco para las más de 4.000 especies que hay en Colombia.
Entre otras está una lámina de la orquídea que ha sido escogida como flor emblemática de Bogotá: el Odontoglossum luteopupureum, orquídea que sin duda fue encontrada por Mutis en los montes cercanos
a Bogotá y que aún se puede hallar, a pesar de los cambios en la vegetación y de ser muy apetecida por los coleccionistas de orquídeas.
Los grandes pintores de la Expedición Botánica tienen sus seguidores.
Ángel María Benjamín Cárdenas Valderrama, en consonancia con la época, hace ilustraciones botánicas sin usar pinceles ni color ni papel. Sólo manipulando pixeles en un computador. Este icono del Odontoglossssum luteopurpureum es un buen ejemplo de su trabajo.
Me admiró mucho, al observar tus láminas, que pudieras tener en América pintores tan excelentes y aun superiores a los de Europa.
Peter Jonas Bergius
Botánico sueco, en carta a José Celestino Mutis
Las láminas de la
Expedición Botánica
han sido reproducidas
por cortesía del Instituto
Colombiano de Antropología e Historia, ICANH
1. Lycaste longipetala (Ruiz y Pav.) Garay. Detalle, sin firma.