Mutis, profesor de matemáticas 1801. Óleo sobre tela, de Pablo Antonio García del Campo. Cortesía del Museo Nacional y e Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario.
El 11 de septiembre se cumplen dos siglos del fallecimiento
de José Celestino Mutis, uno de los personajes más célebres y renombrados del período colonial, cosa admirable si se tiene en cuenta que no fue político sino científico. Mutis es prototipo de los ilustrados de la Nueva Granada; además de amplios conocimientos en ciencias naturales tenía sólidas bases en astronomía, teología y filosofía. Estudió medicina en Cádiz y Sevilla, pero además sobresalió como botánico, mineralogista, educador, bibliófilo y consultor en diversas
materias. A él se debe la construcción del Observatorio Astronómico de Bogotá, el primero de su clase erigido en América, y correspondió a Francisco José de Caldas —quien había trabajado por espacio de casi cinco años como adjunto de la Expedición
Botánica en suelo ecuatoriano— estrenar este observatorio inaugurado el 20 agosto de 1805. Se construyó en el costado occidental de la Casa de la Botánica,
junto al jardín botánico, en predios que hoy hacen parte de los jardines de la Casa de Nariño, sede de la Presidencia de la nación.
Mutis fue también promotor de una Sociedad Económica de Amigos del País, cuyo propósito era promover y poner en práctica los medios apropiados para fomentar
en el virreinato la agricultura, la cría de ganados, la industria, el comercio,
las ciencias útiles y las artes liberales. Además, como hombre culto, conformó una excelente biblioteca; allí y en los gabinetes
de historia natural se consolidaron
como científicos fray Diego García, Francisco José de Caldas, Sinforoso Mutis Consuegra, Francisco Antonio Zea y Jorge Tadeo Lozano. Esta admirable colección bibliográfica incluía más de 10.000 volúmenes,
de los cuales en la Biblioteca Nacional
de Colombia se conservan 8.588 ejemplares discriminados por temas, así: obras de ciencias básicas y ciencias naturales,
1.174; obras de historia y literatura, 3.136; obras de medicina, cirugía y farmacia,
1.422; libros teológicos de dogma y de moral, 988; libros predicables, 389; libros pastorales, 7; obras de canonistas, 147; obras de autores místicos, 269, y obras de jurisprudencia, 506.
Como mineralogista, Mutis se ocupó en la recuperación y explotación de minas de plata: entre 1766 y 1770 trabajó en la Montuosa (jurisdicción
de Vetas, en el departamento de Santander), y entre 1777 y 1782 se estableció en el Real de Minas del Sapo cerca de Ibagué en la provincia de Mariquita;
entonces se explotaba la plata mediante el método
de amalgamamiento, que requería de mercurio para la extracción del mineral. Como educador apoyó
el proyecto de universidad propuesto por el fiscal Francisco Antonio Moreno y Escandón; el objetivo era reemplazar las ciencias especulativas y formar profesionales capaces de conocer la naturaleza, investigar
los recursos naturales, beneficiar los metales,
abrir nuevos caminos y dirigir las aguas, en otras palabras transformar y desarrollar el país.
Aparte de apoyar las reformas educativas, Mutis contribuyó
a innovar en la enseñanza mediante la organización
de nuevas cátedras en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, entre ellas las matemáticas
y la medicina. En 1764, al inaugurar la cátedra de física expuso las ideas de Newton, Copérnico y Galileo. Esto dio pie para que, presuntamente porenseñar herejías, se le acusase ante la Santa Inquisición.
Tras esta acusación mojigata se escondía la resistencia
de los frailes agustinos y dominicos, quienes
se oponían a la organización de una universidad pública moderna pues temían perder poder. Aunque fue absuelto de los presuntos cargos de herejía, en 1772 Mutis se hizo sacerdote para espantar cualquier
sospecha. En esta decisión influyó la polémica sobre la educación y los inconvenientes causados por las acusaciones que de allí surgieron, así como una dosis de desencanto, amargura y frustración al no poder modernizar los métodos educativos.
De hecho, Mutis era un hombre religioso de toda la vida; dominaba el latín y tenía una sólida base intelectual que fácilmente le permitía el cambio al estado religioso, sin restarle oportunidades
a su vocación de científico y sin limitar el trabajo que ejecutaba de acuerdo con sus inclinaciones, siempre al margen de las intrigas políticas y los intereses de diversos grupos.
En cinco oportunidades remitió a Carlos Linneo, máximo naturalista de su época, muestras de animales, vegetales
y minerales. Los materiales enviados
incluían interesantes especies, entre
ellas una muy especial por su rareza y que sirvió para proponer el género Mutisia, nominado en homenaje a Mutis.
Con admiración, Linneo le calificó como máximo botánico de América y le auguró fama perdurable haciendo la siguiente aclamación: «Tu nombre inmortal el tiempo futuro no lo podrá borrar». Para Mutis resultó trascendental
que el botánico más grande de todos los tiempos apreciara sus obsequios y le distinguiese al citarlo en sus obras y responder
sus cartas. El ser mencionado como máximo botánico del continente, por la principal autoridad científica de la época, tuvo varias consecuencias.
Por una parte le dio renombre en la corte y fama en el virreinato, al punto de autocalificarse
como «oráculo del reino», pues sobre él recaían numerosas consultas
sobre diversos temas. Por otra, le impulsó a preparar su flora como una obra monumental que causaría sorpresa
y admiración, por estar planeada en muchos volúmenes de gran formato o folio mayor, cada uno con cien descripciones de plantas acompañadas
de su respectiva lámina iluminada en acuarela.
Esta ilustración digital de la Mutisia clematis L. f. es obra del ilustrador botánico Ángel María Benjamín Cárdenas Valderrama.
Esto implicaba enormes costos, además de dilatar
la obra. Consciente o inconscientemente, Mutis encontró disculpas para demorar su publicación, pues en lo más íntimo de su ser temía no estar a la altura de lo que debía ser la producción del máximo botánico de América. Por ello, los trabajos se prolongaron
por más de 25 años, y la muerte sorprendió a Mutis sin concluir esa obra que rayaba en la utopía.
A pesar de no haber terminado la flora, la máxima
realización de Mutis fue la Expedición Botánica de la Nueva Granada. Trabajó en Mariquita, zona bien conocida por Mutis y seleccionada por él, pues en su cercanía había fuentes termales que le servían para paliar sus dolencias con baños de lodo; además la región presentaba varias ventajas de orden prácticlematisco y
científico. La población estaba ubicada en pleno valle del río Magdalena, contaba con un clima cálido y húmedo que favorecía el desarrollo de una vegetación
exuberante y muy variada.
El puerto fluvial de Honda estaba muy cerca, lo cual facilitaba las comunicaciones,
río abajo, con Cartagena, La Habana y España; cordillera arriba, con Guaduas y Santafé. El valle del río Magdalena estaba al pie de dos ramales de la cordillera andina; al ascender sus vertientes se presentaban en sucesión las distintas formaciones vegetales. Por el sur se podía llegar hasta el territorio de los Andaquíes, La Plata, Popayán y Quito; por el noreste se iba fácilmente hasta las minas de Muzo; muy cerca estaban Tocaima y la región del Sumapaz. Más ventajas geográficas y logísticas eran difíciles de encontrar.
Tras ocho años de trabajos en Mariquita, Ezpeleta
ordenó el traslado a Santafé con la intención de controlar en forma directa sus tareas, pues resultaban
altamente costosas para el Estado, al tiempo que sus resultados eran parcos, un herbario poco llamativo y cinco centenas de acuarelas de plantas, por demás vistosas.
El traslado implicó una completa
reorganización de las tareas: con el tiempo se sumaron nuevos herbolarios, escribientes, oficiales de pluma, pintores, adjuntos y comisionados; para lograr una mayor eficiencia se hizo necesaria la organización
de una escuela o academia de dibujo que se creó al amparo de la Expedición y para su directo
beneficio; la escuela funcionó con éxito bajo la dirección de Salvador Rizo Blanco, quien diseñó una metodología particular para instruir en forma gratuita a niños y jóvenes interesados en aprender el dibujo botánico. Muchos de los discípulos llegaron a convertirse en artesanos superiores.
El resultado más llamativo de la Expedición fue una colección de casi 6.000 láminas de plantas, 2.945 de ellas en color y que representan unas 2.700 especies.
Quedaron algunas publicaciones sueltas, una colección de unos 20.000 pliegos de herbario, algunas
colecciones zoológicas y mineralógicas hoy refundidas,
así como abundantes manuscritos. Todo fue llevado a Madrid en 1816. Producida esta remisión,
la Expedición se convirtió en una gloriosa tradición
magnificada por la circunstancia de que sus más importantes colaboradores fueron sacrificados y sus materiales se perdieron durante la Reconquista; desde entonces, persiste el sentimiento de que Pablo Morillo, Juan Sámano y Pacual Enrile le arrebataron al país uno de sus patrimonios más preciados.
Además de las láminas y el herbario, en la Expedición
se realizaron investigaciones sobre las quinas,
así como sobre astronomía, zoología y minería. Al no ser publicados los trabajos, la obra científica de Mutis y de sus colaboradores perdió vigencia; en contraste, su labor en pro de la cultura revive periódicamente
y ha jalonado por más de dos siglos el florecimiento de las ciencias exactas, físicas y naturales
en el territorio colombiano.
Mutis nació en Cádiz el 6 de abril de 1732. Viajó a América en 1760 como médico del virrey Messía de la Zerda y al conocer el trópico quiso estudiar sus recursos naturales, en especial su flora, una de las más ricas y menos conocidas del continente. Desde
entonces tuvo como meta realizar una gran expedición
que produciría honores a la nación, utilidad
al público, extensión al comercio, ventajas a las ciencias, nuevos fondos al erario y gloria inmensa al soberano que la patrocinara. La Expedición Botánica
funcionó oficialmente desde 1783. Luego de la muerte de su director y fundador, ocurrida en 1808, los trabajos siguieron hasta 1813. La Expedición sigue
siendo un referente obligado para concebir el desarrollo de las ciencias en Colombia.