Durante septiembre todos los habitantes de Bogotá tendremos la ocasión de recordar que como buenos ciudadanos tenemos la obligación de cuidar nuestro patrimonio material e inmaterial.
La escultura Maíz de Edgar Negret en las Torres de Salm ona. Ver reportaje en pags iii,iv y v del magazine
Cuando caminamos por las calles de Bogotá, inadvertidamente recorremos pasajes de nuestra historia que se pueden apreciar según la arquitectura: nos podemos devolver en el tiempo cambiando súbitamente de la época republicana al período colonial, según la manzana por la que avancemos. Así, con el transcurrir de los siglos, muchos edificios se han convertido en joyas urbanas, ya sea por su importancia histórica o por su belleza arquitectónica.
Lo mismo sucede con los monumentos que se levantan majestuosamente en medio de plazas, parques o glorietas, y que con frecuencia son maltratados por gente que desconoce su valor; por eso la Alcaldía Mayor de Bogotá, la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte y el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural quieren enseñarle a la ciudadanía el valor del patrimonio bogotano. Con una programación de actividades especiales, septiembre se convierte cada año en el Mes del patrimonio, en una celebración que incluye exposiciones, conferencias, recorridos por calles emblemáticas de la ciudad y, lo más importante, ceremonias en las que la Administración Distrital entregará a la ciudad monumentos que rinden homenaje a grandes personajes y sucesos que marcaron el destino de la ciudad.
Es importante tener en cuenta que cuando hablamos de patrimonio no sólo estamos incluyendo los inmuebles, que en este caso componen el patrimonio material; también se debe reflexionar en torno al patrimonio inmaterial, que se refiere al cúmulo de costumbres, culturas y características sociales que nos identifican como un pueblo diferente de otro. Entre ellas están, por ejemplo, las maneras de vestir, los ritmos musicales, la tradición gastronomica, e incluso las jergas y diferentes maneras de hablar. De esta forma el Sector Cultura, Recreación y Deporte invita a los habitantes de Bogotá a participar de las actividades del Mes del patrimonio para aprender a valorarlo, porque, según palabras del arquitecto Alberto Escovar, «no se puede querer lo que no se conoce».
Consulte la programación del Mes del patrimonio en el portal de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte: www.culturarecreacionydeporte.gov.co
Editorial
Hacia una política de seguridad social para los artistas
El desarrollo de una sociedad se mide en gran parte por el apoyo que ésta le ofrece a la cultura. Si queremos hacer de Bogotá una ciudad más desarrollada y, por qué no, más civilizada, es necesario que le apostemos a mejorar las políticas culturales. Pero el andamiaje de la cultura es intrincado. No se trata únicamente de contratar más artistas para que se presenten gratuitamente, ni de llevar más la lectura a los barrios, ni de realizar más festivales de diversas temáticas. No. No sólo es eso. Es necesario comenzar a hacer cambios estructurales para que aquel andamiaje sea más fuerte.
¿Quiénes impulsan la cultura? Los artistas. Ellos son el sustrato del cual se nutre toda la ciudad. También los gestores de cultura: tanto los que convocan enormes cantidades de gente como quienes realizan una juiciosa labor focalizada en su barrio o localidad. Conscientes de la importancia de fomentar las manifestaciones culturales de una manera más desarrollada, desde la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte estamos trabajando en una política de seguridad social para los artistas, que garantice el cubrimiento de sus necesidades. Inicialmente se trabajará en el tema de salud, el cual, no cabe duda, es prioritario. Este ambicioso proyecto se llama Proyecto social de la afiliación social en salud de los creadores y gestores culturales.
El proyecto se basa en incluir en seguridad social a los artistas y promotores que estén identificados en los niveles 1, 2 y 3 del Sisbén; los beneficios que recibirán son los mismos que están previstos para el régimen contributivo de salud, con excepción de las incapacidades y las licencias de maternidad, que no estarían cubiertas. Para las personas de los niveles 1 y 2 la afiliación no tendrá ningún costo, mientras que los del nivel 3 harán un aporte mensual de aproximadamente 20 mil pesos. Desplazados, personas pertenecientes a comunidades indígenas, desmovilizados, entre otros, no requerirán certificados Sisbén; los certificados de las autoridades competentes para estos grupos, por ejemplo de Acción Social en el caso específico de los desplazados, servirán como tal.
Las fuentes de este proyecto provienen del Sistema General de Seguridad Social en Salud y de recursos de la estampilla Procultura. Un 10% de los recursos de la estampilla serán reservados a la seguridad social de los artistas. En 2008 los recursos de la estampilla ascendieron a más de 11 mil millones de pesos. Esto significa unos 1.100 millones para los artistas. Este año se estima recaudar por encima de 12 mil millones de pesos; lo que quiere decir que 1.200 millones se destinarán a este proyecto.
Esencialmente, quien busque afiliarse necesitará probar que su actividad artística haya sido socializada; es decir, que se haya exhibido ante el público. Serán útiles las certificaciones de exposiciones, de representación de obras teatrales, afiches, etc. Ese será el requisito central para acreditar a los artistas. Se tiene previsto darles prioridad a las personas mayores de 60 años, ya que se trata de la población más vulnerable. Hemos identificado que muchos de los artistas mayores se encuentran en muy malas condiciones. Actualmente estamos pendientes de la expedición de un decreto por parte del gobierno nacional, donde se establecerán las condiciones del proyecto, y de una reglamentación del Ministerio de Cultura una vez sea expedido el decreto del gobierno, con el fin de establecer los requisitos para acreditar la condición de artista y otros aspectos operativos.
Según los cálculos que se han hecho, los recursos alcanzarán para afiliar a unos 6.500 artistas. Aunque inicialmente se prevé incorporar única y exclusivamente al artista, esperamos que en poco tiempo podamos brindarle los mismos beneficios a su núcleo familiar. Es importante anotar que las personas que tengan un empleador no serán cubiertas, ya que, conforme con lo que dicta la ley, la seguridad social está a cargo del empleador y del trabajador. Lo mismo ocurrirá con los pensionados, quienes están obligados a hacer sus aportes.
Este proyecto va en la misma dirección de la Sentencia T-760 de 2008, en la cual se ordena que se avance en la nivelación de los planes de beneficios en todo el país, tanto del régimen contributivo como del subsidiado. Los artistas, entonces, serían uno de los primeros grupos poblacionales que avanzarían en esta nivelación.
Les quedó muy bien la edición del cumpleaños de Bogotá que coincidió con la Feria del Libro, con México como invitado especial.
Soy fanático del rock en español, y me gustó mucho el desplegado fotográfico que le hicieron a Rock al parque, ese festival que podemos mostrar con orgullo en el país y en el exterior. Estupendas las fotos; la que más me gustó fue la de Fito Páez. Y que hubieran resaltado lo que él dijo. En cuanto al Magazín dedicado a México, estupendo todo el material. Lo que más me gustó fue lo que escribió Juan Manuel Roca, que en tan poco espacio logra dar una visión muy amplia y personal de la gran literatura de ese país.
Moisés Melo —muy documentado como Hacia una política de seguridad social para los artistas corresponde a su cargo— nos recuerda, además de las cosas positivas, las terribles, como las actuaciones del obispo Zumárraga, que quemó infieles y libros. No se sabe cuál crimen es peor.
El de Guillermo Angulo es un artículo ligero, sobre la influencia de la música mexicana y algo de la nuestra en México. Y no crea que me voy a olvidar del artículo de Germán Izquierdo, que habla de la reciprocidad que ha habido entre nuestros literatos: Gabo, Mutis y Fernando Vallejo, que viven en México, y otros importantes mexicanos que estuvieron con nosotros.
Los felicito,
Bernardo Uribe Jaramillo
Desde Medellín (por e-mail)
Señor director:
Como mexicano, quiero decirles que me gustaron mucho las páginas centrales dedicadas a nuestro gran grabador, José Guadalupe Posada. Los otros artistas mexicanos, como Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y Rufino Tamayo, aunque son muy buenos son bastante conocidos, mientras que Posada es el maestro reconocido por todos ellos.
Su «Calavera Catrina» se volvió simbólica. Por eso Rivera se pintó de niño, con un sapo en el bolsillo, dándole la mano, mientras que la «Catrina» le tomaba la mano a su creador, el maestro Posada.